“La Jefa”, demasiado grande el mote
Yazmín Alessandrini
Los días transcurren y por más que nos quieren vender un mundo de caramelo a través de sus altos jerarcas, militantes, brigadistas y simpatizantes, lo cierto es que la campaña de Josefina Vázquez Mota, la Jefa, candidata del PAN a la Presidencia de la República, no termina de cuajar, y lo que es peor, cada día se ve más lejos no sólo de Los Pinos, sino de esa imagen de mujer de Estado que a estas alturas ya debería de estar proyectando en todos sus actos.
Seamos sincer@s, los golpes de timón, las reingenierías, las encerronas en su cuartel de guerra con su “temible” ejército encabezado por el gris Roberto Gil Zuarth, le han valido a Chepina para dos cosas: para nada y para lo mismo. Por mucho que sude, puje y grite lo cierto es que nomás no le alcanza para recortar las distancias con el priista Enrique Peña Nieto, quien el domingo pasado en el debate del WTC le acomodó varios “póngase quieta” y ella ni por aludida se dio. Pero eso sí, donde quiera que va proclama a los cuatro vientos que ella ganó… ¿qué ganó?
Por principio de cuentas (lo diré aunque la Santa Inquisición albiazul desate una cacería sobre mi persona para quemarme en leña verde), a la señora Vázquez Mota no sólo le ha quedado grande el mote de la Jefa, también le ha quedado enorme una campaña que en un principio se antojaba histórica. Por un momento, varios pensaron que por primera vez en la historia de México tendríamos nuestra propia Margaret Thatcher (Inglaterra), Golda Meir (Israel), Indira Gandhi (India), Cristina Fernández de Kirchner (Argentina), Hillary Clinton (Estados Unidos), Michel Bachelet (Chile) o Angela Merkel (Alemania), pero no. A Josefina le faltan varias toneladas de personalidad, carácter y oficio para semejarse a estas verdaderas amazonas de la política mundial.
De acuerdo a consultores de imagen profesionales, la abanderada panista ni siquiera posee argumentos de apariencia que permitan a los votantes potenciales percibirla como una mujer recia, líder, ¡que imponga, vaya! Cuando se sube a los estrados toma el micrófono con unos nervios que contagian hasta al de la última fila y su tono de voz raya entre lo robótico y lo quebradizo. Y si tenemos que referirnos a su vestimenta, su peinado y su maquillaje, ahí sí la cosa se torna más dramática, porque entre tanto cambio de colores y estilos sugeridos por sus “asesores”, ya no sabemos si la quieren hacer pasar por CEO de una trasnacional o como señora de Las Lomas. Es el día en que estos señores no le encuentran la cuadratura al círculo y siguen presentando a Josefina como una mujer sin punch visual, que a final de cuentas es la carta de presentación de todo individuo.
Pero haciendo a un lado las cuestiones de apariencia y adentrándonos en terrenos de potestad enteramente política, la verdad es que el panorama no varía mucho que digamos con la ex titular de la SEP y de Sedesol, porque todavía seguimos esperando a que nos hipnotice con alguna propuesta de altura. Según sus correligionarios, la promesa de desaparecer las cuotas obrero-patronales fue todo un hit, pero ¿acaso no sabe que es con estas cuotas que se sostienen el ISSSTE, el IMSS, el INFONAVIT y otros tantos institutos?
No piensen que soy envidiosa de las de mi género. Juro que no. Creo que México ya está listo para tener una mujer presidente… pero, mucho ojo, Josefina no está lista para serlo.
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