Ivonne Ponce de León Lemoine

La obra de teatro que actualmente se presenta (el 2, 9 y 16 de mayo a las 20:00 hrs) en el Aula-Teatro Rodolfo Usigli, bajo la dirección de Yafté Arias fue una de las puestas en escena realizadas expresamente para la Temporada Teatral Primavera 2012.

En ella, seis actores interpretan a distintos “seres comunes” (llamémoslos humanos) que sufren y huyen de una bestia. Una bestia que vemos cotidianamente: nosotros mismos.

Como en muchas obras, la palabra juega un papel muy importante: narra los hechos y las causas que crean una situación desesperante, y nos da a conocer las emociones y pensamientos de cada uno de los personajes.

Ahora bien, la palabra logra tomar forma gracias a la actuación. Los histriones realzan y enfatizan ciertas palabras, dan matices y en sus rostros se reflejan la tristeza, la agonía, la lujuria, el miedo. No sólo eso, llegan al grito, al llanto, al canto, acercando al espectador, introduciéndolo al juego, llevándolo a esa realidad presente.

Siempre hay facetas, el actor cambia de un personaje a otro, notándose al instante; los ojos abiertos, o uno más abierto que el otro, la boca con una mueca, algún tic nervioso. El cuerpo también habla, una de las actrices en una escena saca el abdomen y camina de peculiar forma, dándonos un personaje totalmente diferente al desconsolado y angustiado personaje de la escena anterior.

El rostro de los actores varía mucho, e impresiona la violencia que puede reflejar, como también la tristeza que se marca en sus labios y en sus ojos. Cada cara es un cuadro que se va pintando conforme avanza la obra.

El estímulo y la reacción están conectados y son comprensibles. Los cuerpos se mueven libremente por el espacio como si de una danza se tratara, y van tomando posturas correspondientes al estado de ánimo en que se encuentra el personaje. Allí la comunicación corporal se puede ver maravillosamente: con los ojos cerrados caminan como liebres asustadas y sólo se tropiezan al momento oportuno que demanda la acción. Esa comunicación logra transmitir, los actores llegan a un punto en el cual sus uniones pueden llegar a ser apasionadas y bastante sexuales, y en otras ocasiones muestran la crueldad y el maltrato con el simple hecho de que un actor arrastra a otro por el pie, como si intentase violarlo.

La comunicación verbal impera, las facciones no lo son todo, aunque si se hubiera extinguido su voz también se entenderían su angustia y odio. Pero no se comprendería el contexto, lo que quiere comunicarnos esta obra: la vida cotidiana con miles de bestias. Y para esto el histrión llega a cambiar su tono, el volumen de la voz, con eso transforma totalmente la forma en que maldice o implora al ser amado que lo acaricie. Las manos son empleadas al hablar en algunos momentos, otras veces tienen que moverse más para dar el toque fársico en instantes. Un ejemplo puede ser el del doctor que está estudiando el caso, de forma exagerada utiliza todo el cuerpo para explicar cada una de sus palabras y acciones, eso da lugar a la risa del público.

Una propuesta muy interesante del montaje es mostrar al personaje, frente, detrás y a un lado del espectador, pudiéndole ver la cara, las expresiones, los ojos. Es difícil que un actor pueda ver directamente al público, pero en esa obra se les puede ver fijamente y ellos pueden ver fijamente al espectador. Al final de la obra, todos los actores se abalanzan a un espectador, rodeándole y gritándole, impactando de manera brutal.

Las voces se van amontonando, apropiandose del teatro, cada uno de los actores en tiempos específicos comienza a hablar, a dialogar con el espectador, al mismo tiempo, con ritmos acelerados, con un volumen alto. Eso causa cierta confusión, lo que crea un ambiente de tensión y estrés en el cual se quería poner atención a uno o a todos. Se crea el caos.

Un vestido, unos pantalones, una camiseta, unas tobilleras, unas muñequeras y unas hombreras; lo necesario, todo lo necesario para crear tanto. Hay algo más, un líquido rojizo con apariencia de sangre es utilizado sólo para un personaje, aquel que marca la atrocidad humana y bestial. Todo se une armoniosa y equilibradamente para poder comunicar y transmitir sensaciones de desesperación y miedo.