Miguel Ángel Muñoz

La cifra de veinte años parece aludir en literatura y en alguna canción a un lapso relevante pero no exagerado, en cuyo curso pueden registrarse cambios dramáticos en personas, instituciones, sociedades, clases sociales y procesos históricos, así como en los espacios de la naturaleza. En este caso hablamos de las dos décadas de existencia de nuestra Tinta Seca, que ahora se celebran con una nueva edición especial. Es palpable que la revista ha logrado generar y sostener su propia tradición con base en una propuesta que fue afirmándose y afinándose año con año, en un ámbito como el mexicano, poblado de publicaciones literarias y artísticas. Y asimismo de incontables esfuerzos efectuados por pequeñas editoriales y grupos o sociedades culturales al margen del amparo oficial o simplemente mafioso.

Culmina el número que hoy brindamos a la curiosidad del lector un ciclo en la andadura de Tinta Seca. Hemos cumplido veinte años de vida de la revista, justo los que nos separan de aquel otro, ya lejano, mes de junio de 1992 en el que iniciaba su vuelo ilusionado esta aventura editorial. Casi veinte años parecen también un límite oportuno como elevar la mirada hacia nuevos horizontes, confines que no son finalmente sino prolongación natural de los que dibujó desde su origen el espíritu que alienta este proyecto. A la atención cómplice que, desde el inicio, la revista viene prestando a los asuntos ligados a la actividad artística, cultural, política y social no sólo de México, sino de Europa, se suma ahora el compromiso de incorporar en idéntica medida —esto es, sin el estruendo enfático de la celebración extraordinaria, sino con la recurrente cadencia que busca asentar un vínculo normalizado— temas, creadores y firmas asociados a la dilatada, fértil y plural geografía artística de Iberoamérica.

Nada es fácil en estas cuestiones del quehacer intelectual y artístico llevado al sostén tinta y papel. Por eso, en ciertas épocas, Tinta Seca recibió merecidamente el apoyo del inba y conaculta a las revistas independientes de provincia, del que ha prescindido sin hacer a un lado su independencia. Ser autosuficiente no es poca cosa pero, con apoyo o no, lo esencial ha sido alzar una bandera autónoma: la revista logró ser fiel a sí misma.

Con relación a la orientación general de sus contenidos estéticos e ideológicos ha mantenido una clara amplitud de expresión, aunque siempre en sentido de atender asuntos de estos tiempos —ya nacionales, ya internacionales—, tanto en literatura de ficción como en entrevistas y ensayos. La parte gráfica siempre fue abordada con cuidado, como aporte necesario y fundamental al proyecto; el diseño fue modificado, volviéndose más atractivo aun en su sencillez. Obviaremos anotar nombres de colaboradores o de autores cuya obra haya sido tratada en estas páginas, pero hay entre ellos figuras del más reconocido nivel, tanto mexicanas como de España, Francia, América Latina… Basta revisar además los consejos de asesores, redacción y colaboración para confirmar una presencia lúcida, inclusiva y expansiva, al margen de cualquier tipo de grupos de poder.

La revista Tinta Seca, con su edición de un número doble 111-112, confirma su trayectoria en un país lacerado por una “guerra” absurda contra el crimen organizado —que sataniza a su vez a los movimientos democráticos y populares—; por sequías y hambrunas que se atienden muy tardíamente; por escandalosas denuncias de la Global Financial Integrity de que México ha exportado enormes capitales de origen ilícito; por un proceso pre-electoral enredado y turbio —mass media concentrados, guerrillas partidarias, amenazas oficiales, mucho dinero, etcétera— que ya anuncia más infelicidad para el pueblo mexicano que, pese a todo y a sus contradicciones de clase, parece buscar otros cauces hacia la democracia y la soberanía nacional.

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