Debate pobre y escote generoso

 

Humberto Musacchio

En el debate del pasado domingo 6 de mayo, los candidatos de los tres partidos mayores se vieron como en ralentí, dirían los españoles, o enclochados, para expresarnos en mexicano. Contenidos, temerosos, erráticos, Enrique Peña Nieto, Josefina Vázquez Motay Andrés Manuel López Obrador se vieron superados por un Gabriel Quadri que ganó precisamente porque nada tenía que perder.

Si el voto se decidiera por lo que vimos en ese debate, ya podríamos imaginarnos a Quadri con el pecho cruzado por la banda tricolor. Pero, lamentablemente para él, una buena actuación en estos programas da cierta cantidad de votos, pero nunca los suficientes para ganar una elección.

El debate fue pobre, plano, pero se esperaba mucho menos de lo que vimos y escuchamos. Para empezar, se demostró que Enrique Peña Nieto puede hablar sin teleprompter y que sus asesores, movidos por el miedo después del regadero de tepache de diciembre, se excedieron al tratar a su candidato como flor de invernadero.

Josefina Vázquez Mota coincidió con López Obrador en centrar sus ataques en el candidato del PRI, que por ahora es el enemigo a vencer. Para su desgracia cometió varios deslices oratorios, insistió en hablar en tono elogioso de sí misma y por momentos se le observó nerviosa e insegura pese a la infaltable sonrisa.

Andrés Manuel López Obrador dio el golpe más certero de la noche, pues cuando Peña Nieto le recordó los casos de René Bejarano y Gustavo Ponce, el tabasqueño le reviró diciendo que ambos habían ido a la cárcel y que Ponce sigue tras las rejas, mientras que Peña Nieto, funcionario del gobierno de Arturo Montiel, estaba esa noche ahí, en el debate, elegante forma de sugerir que el sobrino de su tío debería estar en la cárcel.

Pero más allá de algunos detalles, los abanderados del PRI, el PAN y el PRD se vieron faltos de estamina, sin punch, en tanto que Quadri una y otra vez se expresó fluidamente, con precisión y claridad, pese a su actitud tramposa al quererse mostrar como simple ciudadano y contrastarse con los políticos, como si él no lo fuera. Aun así fue el vencedor, pero la ganadora es Elba Esther Gordillo, a quien muchos daban por muerta, pues todo indica que el Panal conservará el registro y que mantiene una buena relación con Peña Nieto, a quien su candidato no atacó. El gran perdedor es Ricardo Salinas Pliego, pues su trasmisión  del futbol tuvo mucha menor audiencia que el debate. La otra ganadora es la edecán argentina Julia Orayen, la del vestido blanco de escote generosísimo, a quien 17 millones de mexicanos ya le propusimos matrimonio.