Tema sin abordar en campañas

Teodoro Barajas Rodríguez

 

Morelia.- En los últimos días se ha registrado efervescencia en las campañas electorales, aunque en muchos casos lo que se escuchan o leen son una cantidad industrial de exabruptos, señalamientos y adjetivos de lo más variado, lo cual expresa un conjunto de emociones que no son los elementos ideales.

Enrique Peña Nieto insultado en la Universidad Iberoamericana, esas manifestaciones no contribuyen para que los debates transiten de manera libre si aspiramos a la construcción de ciudadanía. No puede sustituirse el razonamiento maduro por la histeria o el odio.

Ese episodio hubiese sido igual de reprobable si los destinatarios de la carretada de insultos e injurias fueran Josefina Vázquez Mota, Andrés Manuel López Obrador o Gabriel Quadri.

La historia de México hace elocuente una sempiterna polarización, una suerte de maniqueísmo que se reedita frecuentemente, ubicar a malos y buenos resulta en muchos casos pueril.

Nadie representa la panacea ni se aproxima a una especie de Prometeo que compartirá la luz, se trata de un asunto eminentemente terrenal, es la real política que se distancia de las concepciones clásicas griegas para ceñirse a los moldes exaltados en El Príncipe de Nicolás Maquiavelo.

Más allá de los actos de campaña, algunos pintorescos, otros que sólo entumen, aún sigo a la espera de que los aspirantes a suceder a Felipe Calderón asuman con la importancia debida el problema cada vez más grave de la violencia que provoca mayor impunidad.

En Cadereyta, Nuevo León, 49 mutilados, acto brutal que se agrega a la interminable lista que exhibe una realidad compleja que vulnera y erosiona el Estado de derecho para situarlo en la proximidad de lo fallido.

La impunidad va de la mano de la corrupción, del crimen y los despojos humanos, es un problema de fondo que impacta por sus formas, pero irresoluble como lo relatan las crónicas cotidianas.

La guerra ha sido costosa, sañuda y en muchos casos insuficiente porque el mal se ha expandido, en estos momentos partidizar las falencias no es un elemento que resuelva, es una táctica electorera.

Las respuestas se demandan porque de lo contrario se llegará a estadios sumamente violentos, no es correcto trivializar esa madeja de problemas, porque hace mucho se diluyó la certidumbre.

Ningún partido escapa a las críticas a sus gobiernos que se han vinculado a situaciones reprochables, la calidad moral disminuyó, de repente observamos cómo unos a otros se cuestionan para dejar de lado la autocrítica, como si la historia reciente no contara, como si le apostaran ilusos a la desmemoria.

La agenda en materia de seguridad y combate a la impunidad sigue sin abordarse, este proceso no debe quedar en las crónicas y relatos de los incidentes, debe abarcar otros temas, otras propuestas y otro nivel para abordar asignaturas pendientes que no pueden esperar más.

Espero que quienes desean llegar a la Presidencia profundicen en el tema de la inseguridad, al menos podremos observar quiénes si tienen voluntad política para ello.