Ricardo Muñoz Munguía
(Segunda y última parte)
El poeta arriba a sus sentidos, a la cosecha de versos. Gilberto Castellanos es un hacedor de sensaciones, la cadencia del escritor poblano transforma con el espiral rítmico que caracteriza su obra. El lector lo comprueba conforme recorre las imágenes y las metáforas: “Ha venido hasta mi calle la ligereza/ del que no tiene ojos aunque las arboledas vea,/ de quien llega esclavo con la hora y no camina;/ con manos de oro y sus estatuas devaluadas;/ la plata del oficio con un brazo sin cuerpo;/ el pase de lista como citar al escombro;/ las mujeres envueltas en su almuerzo de farol/ entre los dictados, las noticias y un qué fue”.
He comentado gran parte de los libros de Gilberto Castellanos en este espacio, y en varias ocasiones me he referido que es un poeta que ha ganado cada una de sus letras con su quehacer literario. Sin embargo, el reconocimiento que ha tenido su obra se ha expuesto, principalmente, de manera local. Gilberto es un poeta, quizá no desvalorado, pero sí que ha tenido mínima difusión en el centro del país, y todo lo que no aparece en la Ciudad de México parece no existir. Por otro lado, en la ciudad de Puebla ha tenido diversos homenajes, entre ellos el de nombrar la biblioteca del Benemérito Instituto Normal del Estado de Puebla “Gilberto Castellanos”. Por supuesto, no basta. Lo que de igual manera se debería atender por parte de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, en su dirección de Fomento Editorial, sería partir las publicaciones, es decir, las que son de narrativa y ensayo podrían conservarse en la colección Alejandro Meneses pero las de poesía deberían atraer el nombre de Gilberto Castellanos, sin duda, un homenaje más que no debe soslayarse. Pero el mejor homenaje es el de acercar su obra no sólo en Puebla, sino a todo el país. Nada mejor para un verdadero poeta, que la lectura de su obra.
Gilberto Castellanos, Aural. BUAP (Dirección de Fomento Editorial),
Colección * Asteriscos, Puebla, México, 2011; 157 pp.

