El comentario que inicia La cultura hoy, mañana y siempre, suplemento en línea de la revista Siempre, es en torno a Ray Bradbury, autor que cultivó diversos géneros literarios, pero que sustenta su fama, podríamos decir universal, en dos libros: Crónicas marcianas y Fahrenheit 451. Nuestro colaborador Pável Granados postula que la ciencia tiende a desilusionarnos, mientras el género literario conocido como ciencia-ficción reflexiona sobre la condición humana y su referente es precisamente las Crónicas marcianas del autor fallecido el pasado 7 de junio.
José Antonio Rosado dedica su texto a Aura, la novela breve de Carlos Fuentes. Como otros críticos, detecta la presencia de Los papeles de Aspern, de Henry James; “La cena”, de Alfonso Reyes, y La bruja, de Michelet. Pero la interpretación de Rosado no se queda en señalar las influencias, sino considera que Fuentes, en realidad, parodia o más exactamente juega en sus alusiones a estos textos, que pasarían a ser más bien los subtextos, vale decir, textos que se traslucen o “leen en filigrana” en esta obra maestra de Fuentes.
Dos ensayos se dedican a Elena Poniatowska. Uno, se detiene en lo que podría llamarse su pasión por México; otro, de Raquel Serur, se demora en su solidaridad con los marginados; rasgos ambos, pasión por el país y solidaridad con los más pobres, definitorios de Elena y sus creaciones literarias.
Alejandro Laborie nos cuenta de una peculiar puesta en escena de los entremeses cervantinos, pues se sitúa en los años cincuenta en México, pero refleja, en realidad, al decir del crítico, el momento actual.
Al final, pero como dicen no en último lugar, un soneto escrito al alimón por Alejandro Zenteno y Roberto López Moreno. Léanlo les va a gustar y de paso permite atisbar el laboratorio de “los camaradas poetas”.

