Alejandro Laborie Elías

 Considerado como el máximo exponente de la literatura castellana, Miguel de Cervantes Saavedra retorna a los escenarios con una nueva versión de dos de sus entremeses, contextualizados en la realidad de nuestro país, (aún cuando teóricamente están ubicados en la década de los cincuenta del siglo XX), bajo la dirección de Agustín Pinedo, quien les da una dimensión moderna y mediante la hilaridad envuelve a los espectadores.

La propuesta se presenta bajo el título de Entremeses urbanos y hace hincapié sobre algunas de las conductas que se han perpetuado a lo largo del devenir histórico de la humanidad, tales como el hablar por el sólo hecho de hacerlo, esto es, sin contenido o fondo; o tales como la infidelidad, la superstición, la corrupción, la liviandad, entre otros, a través de la comedia versificada clásica.

Agustín parte de una adaptación apegada a los textos originales, pero permitiéndose algunas libertades, además de agregar temas musicales con ritmo de rock y mambo, apoyados en coreografías sencillas pero vistosas, nada complicadas pero eficaces.

Para los conservadores puede ser un agravio contra Don Miguel, sin embargo Los habladores y La cueva de Salamanca, bajo estas circunstancias son un imán para aquellos que tienen un espíritu jovial sin importar su edad cronológica. Hay que reconocer el atrevimiento de Pinedo, pero es una forma idónea para atraer al público que se desespera, por las razones que se quiera, con las puestas convencionales de las obras clásicas, que si bien sirven para los enamorados del teatro antropológico, son piezas de museo.

Con esta versión, se conocen los maravillosos textos del siglo de oro español, pero de una manera fresca, amena, atractiva, donde el verso -dicho con humor y en forma por demás entendible- permite adentrarse en las anécdotas de principio a fin, hecho que no sucede, normalmente, con los montajes tradicionales.

La propuesta prescinde, prácticamente de escenografía, sólo una mesa, tres sillas y un tapete, lo demás queda bajo las capacidades histriónicas del elenco. El vestuario es intemporal, se puede decir que es híbrido, ideal para apoyar las comedias  representadas, diseñado por la talentosa Cristina Sauza.

La Compañía Teatro y Comunidad, responsable de la puesta en escena, está integrada por Enrique Vega, Adriana Burgos, Elsa Jaimes, Rivelino Reyes, Tonatiuh Salazar y Carlos Medina. Grupo perfectamente conjuntado, a pesar de las diferencias de edades logran la unidad, trabajan en equipo, más no por ello cabe destacar el trabajo actoral de Enrique y Adriana; el primero, compenetrado en el género en forma maravillosa y la segunda, con una gracia natural indiscutible.

Nuevamente queda demostrado que para montar un clásico, en general cualquier tipo de teatro, no se requiere de los nombres de los famosos, ya sean directores o actores, lo que se necesita es gente preparada actoralmente y que a pesar de las dificultades de espacios que les abran sus puertas y los escasos recursos para producir y publicitarse, tengan el ánimo y la voluntad de ofrecer al público montajes novedosos, con calidad artística, mediante la fuerza del trabajo actoral y no de la parafernalia pretenciosa con la que se ocultan las deficiencias de ciertas producciones, generalmente auspiciadas por instancias gubernamentales o universitarias.

En concreto, no es una súper producción, no es una puesta en escena pretenciosa, no hay nombres de famosos actores de televisión, cine o teatro, lo que si hay es la entrega, el profesionalismo de un conjunto de amantes del teatro, lo que a la postre es más importante para quien busca gozar del quehacer teatral.

Entremeses Urbanos, bajo la dirección de Agustín Pinedo, se presentó en el Foro Contigo América y pronto habrá nuevas representaciones.