Un millón de definiciones

Yazmín Alessandrini

A menos de un mes de que casi 80 millones de mexicanos acudan a las urnas para elegir al próximo presidente de la república, al jefe de Gobierno del Distrito Federal, a media docena de gobernadores y a muchos, muchísimos diputados y senadores, bien nos valdría reflexionar sobre dos términos a los que varios políticos han recurrido recientemente y que por circunstancias que, usted vaya a saber, varios de nosotros prácticamente no los manejamos en nuestro accionar y vocabulario diarios, pero que en su significado nos arrojan al abismo de la duda, porque no siempre son bien empleados por esos próceres del diccionario y la oratoria, pero que por “ agarrarnos en curva” cuando los utilizan nos dejan con el ojo cuadrado o la cara de what?

Congruencia y deslindancia… ¡Dios mío!, ¿eso con qué se come?

Si acudiéramos a políticos y funcionarios como Felipe Calderón, Javier Lozano, Manuel Espino, Andrés López, Lía Limón, Narciso Agúndez, Tomás Yarrington, Jorge González (el Niño Verde), Josefina Vázquez (la Jefa Azul), Rosario Robles y un largo etcétera, para que nos expliquen lo que significan ambos vocablos, seguro tendríamos un millón de definiciones, todas muy subjetivas y peculiares, porque estos singulares personajes en su hacer y su decir le compiten ferozmente a los surimis y lagrímogenos de Ninel Conde.

Para empezar, por ningún lado veo yo congruencia entre el discurso del presidente Calderón cuando asegura que de no haber implementado su eficaz política [guerra] de combate al crimen durante este sexenio, estaríamos asolados por la delincuencia organizada y desorganizada… ¿acaso no lo estamos o es que esas más de 50 mil víctimas de la violencia llegaron al camposanto por tortas de jamón en mal estado?

Lo mismo para la “flamante” priista Lía Limón (presumía de ser la mejor amiga de la primera dama, Margarita Zavala), quien desde su trinchera blanquiazul durante varios años levantó la mano para manifestar su animadversión al PRI y todo lo que oliera a éste, pero una vez que no se vio favorecida para alcanzar la candidatura panista a la delegación Miguel Hidalgo (la venció Miguel Errasti en un proceso democrático interno) hasta de cuatreros acusó a sus ahora excolegas. O sea, cuando vamos ganando todo es “jijijí-jajajá, qué linda es la democracia” y cuando nos toca perder “todos son unos tales por cuales, sáquense a la goma”. Eso es lo malo de los políticos cuando son de probeta.

Y en los terrenos del deslinde, los partidos y los políticos requieren urgentemente de unas lecciones, porque tomando los ejemplos de  Yarrington y Agúndez se presta para el sospechosismo (Santiago Creel dixit) que nadie levante la mano y diga “sí, estos cuates pertenecían a nuestro partido, los arropamos, los apoyamos y obraron mal; pero enseguida promoveremos su expulsión definitiva y exigiremos a las autoridades que apliquen todo el peso de la ley”.

La pregunta de la semana.- Y en los terrenos de la (in)congruencia y el deslinde, ¿quién se responsabiliza por el fascismo y la estupidez de varios integrantes del movimiento YoSoy132? Ya va siendo hora de que sus verdaderos líderes den la cara. ¿Quién dijo yo?

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