No se vale desconfiar

Carlos Jiménez Macías

¡Al fin llegó la fiesta de guardar ciudadana! Hoy, de acuerdo al padrón electoral, casi ochenta millones de mexicanos tendrán el derecho de votar en esta efeméride presidencial. Muy pocas veces una fecha habrá sido tan esperada y con tanta expectación. Jóvenes, adultos, ancianos, indígenas, personas con capacidades diferentes y todos, absolutamente todos los sectores de la población podrán ejercer —más de 15 millones por primera vez— su derecho de elegir al nuevo presidente de la república. Como si fuera año nuevo, esperamos que el próximo sea mejor que el que se va y todos nos deseamos dicha y prosperidad en los tiempos que están por venir ¡Feliz sexenio nuevo!

Las elecciones en México son de las más caras en el mundo (eso tendrá arreglo), pero también de las más efectivas y mejor organizadas. Durante los últimos meses el Instituto Federal Electoral ha venido informando puntualmente los procedimientos del sufragio, así como dando difusión a una nueva herramienta del instituto; en esta ocasión el internet permitirá seguir y observar detenidamente la jornada comicial.

Desconfiar de las autoridades electorales no se vale, pues es desconfiar de un millón de ciudadanos que serán funcionarios de casilla, quienes fueron seleccionados al azar conforme a la inicial de su apellido. Además, la metodología fue aprobada por los representantes de cada uno de los partidos políticos representados en el IFE, así como también las reglas a que deben ceñirse los candidatos y cada uno de los que, con la esperanza de que su candidato gane —cada quien con el suyo—, hacen cola para depositar el sufragio.

De esta manera, no hay cabida, no hay manera pues, para que alguien alegue un fraude electoral y mucho menos para asustar con el petate del muerto, desde mucho antes de conocer los resultados.

A eso hay que agregar que en los noventa largos días que duró la campaña presidencial se tuvo la posibilidad de denunciar cualquier anomalía que hubiera puesto en desventaja a una u otro candidato.

Hemos escuchado las propuestas y los mensajes de todos los candidatos. Fue un ejercicio extenuante y en muchos aspectos excesivos. A la gente de a pie nos apabulló el inútil despliegue de espectaculares que se distinguieron varios de ellos por la falta de creatividad e imaginación o la repetición mecánica de spots que invadieron la intimidad de nuestras pantallas televisivas.

Los indecisos ya no lo son tanto. Tuvieron oportunidad de ver, sopesar y medir la seriedad, viabilidad y sinceridad de las propuestas electorales, así como la factibilidad de los programas y proyectos de gobierno.

Es hora pues de ir a las casillas a elegir por quien más nos haya convencido. Sumémonos a esta celebración democrática, conduciéndonos con civilidad, dejando a un lado nuestras pasiones y diferencias ideológicas. La mayoría elegirá a la persona que habrá de gobernarnos.

Los candidatos coincidieron en anunciar que sus gobiernos serían de apertura, donde minoritario o no, el talento, la experiencia y la voluntad de servir tendrán su lugar. Así habrá de ser.

Entonces… ¡Dicha, prosperidad y feliz sexenio nuevo!

Con campanitas y todo…

cjimenezmacias@yahoo.com.mx