El sufragio a ciencia y conciencia

René Anaya

Estudios publicados recientemente plantean que las ideologías políticas no se basan en los factores sociopolíticos y económicos, sino en la conformación de las estructuras cerebrales o en las características de determinados genes, lo cual podría invalidar todas las teorías sobre las doctrinas políticas.

Por supuesto que en tiempos electorales resultan muy pertinentes esos estudios, sobre todo para quienes apelan al sentimiento y a las emociones, más que a los argumentos, pues de esa forma pretenden convencer a la gente de que su voto ya está predeterminado, según sus genes o estructuras cerebrales, ya sean liberales o conservadores.

 

El voto en los genes o en las urnas

Así como en la última mitad del siglo pasado se responsabilizaba a las vivencias infantiles de la conducta de las personas, pues se consideraba que infancia es destino, sin tomar en cuenta los factores culturales y biológicos que podrían determinar la personalidad del individuo; actualmente algunos investigadores buscan la causa última del comportamiento del individuo en los genes o en las estructuras cerebrales.

Si esto fuera cierto, de nada servirían los debates ni las plataformas políticas de los partidos, ya que el elector se guiaría por su herencia o su conformación cerebral. En esas condiciones, los pueblos seguirían por siempre políticas de derecha, de izquierda o de centro, pero eso no es cierto.

Países latinoamericanos han dejado de ser gobernados por regímenes de derecha y han probado la conducción política de la izquierda. De tal forma que la hipótesis de que el voto no está en las urnas sino en los genes no es cierta, a pesar de la relevancia que en su momento tuvo un estudio publicado hace cuatro años, que señalaba que la abstención o participación política era genética.

Los científicos James H. Fowler y Christopher T. Dawes, de la Universidad de San Diego, publicaron en julio de 2008, en la revista The Journal of Politics, un estudio en el que afirmaban que dos genes influían en la participación o abstención de los electores, planteaban que el polimorfismo de los genes MAOA y 5HTT (variación en el orden de las bases, adenina, timina, citosina o guanina, del ADN) determinaban la participación electoral. A estas conclusiones llegaron después de analizar datos del Estudio Longitudinal de la Salud de Adolescentes de Estados Unidos.

Sin embargo, Evan Charney, de la Universidad Duke y William English, de la Universidad de Harvard, en el artículo “Candidate Genes and Political Behavior”, publicado en American Political Science Review, señalaron errores metodológicos de Fowler y Dawes, por lo que no es válida la afirmación de que la participación política y, específicamente, en las urnas, está en los genes.

 

El cerebro, ¿de izquierda o de derecha?

En otro estudio, los investigadores Kenneth Blum, Marlene Oscar Berman y colaboradores, publicaron en abril de este año un trabajo en la revista Genetic Syndromes & Gene Therapy, en el que señalan que la felicidad, la amistad y la ideología política son consecuencia del Síndrome de Deficiencia de la Recompensa, que lleva a que personas con tendencia a alguna adicción se busquen. En otros términos, tratan de confirmar científicamente el dicho de que Dios los cría y ellos se juntan.

“Por ejemplo, la gente con una determinada configuración genética puede ser más confiada y, por tanto, más proclive a unirse a un partido político que a otro. Yendo más allá, esta asociación genética también influiría en una determinada inclinación al voto”, ha afirmado Berman.

Por su parte, David M. Amodio y John T. Jost, del Departamento de Psicología de la Universidad de Nueva York y Sarah L. Master y Cindy M. Yee, del Departamento de Psicología de la Universidad de California, refirieron en un artículo publicado en septiembre de 2007, en la revista Nature Neuroscience, que existen diferencias en el funcionamiento del cerebro de las personas liberales y las conservadoras, los primeros reaccionan mejor ante los cambios, en tanto que los segundos son más rígidos.

El estudio consistió en la realización de electroencefalogramas a 43 personas que reaccionaban ante un estímulo que solía repetirse pero a veces cambiaba. En los liberales se encontró una actividad más intensa en el giro cíngulado, un área de la corteza cerebral que interviene en funciones como la anticipación de las consecuencias de nuestras acciones, la toma de decisiones, la empatía y la respuesta emocional. Los conservadores, por su parte, tienen aumento de volumen de la amígdala derecha, región cerebral involucrada con el miedo, lo que podría indicar que nuestra población es conservadora, pues hace seis años se le infundió el temor de que un candidato era un peligro para México.

En realidad, lo más peligroso sería considerar que las preferencias electorales residen únicamente en los genes y las estructuras cerebrales, pues plantearía un determinismo genético y neuropsiquiátrico, que impediría a los pueblos modificar sus sistemas de gobierno.

reneanayas@yahoo.com.mx