Patricia Gutiérrez-Otero

Murió Ray Bradbury. Nunca lo leí mucho. No me atrae la ciencia ficción. Cada uno de nosotros tenemos gustos diferentes en géneros literarios. Sin embargo, los grandes creadores de ciencia ficción tienen algo de profetas en un sentido más preciso que el de adivinos: son seres que tienen el don, no podría llamarlo de otra manera salvo talento, de prever lo que pasará a partir de lo que ya existe. Su genio es conjuntar una serie de datos, experiencias, hechos, inventos, maneras de sentir y vivir, etcétera, y llevarlos a un grado extremo que puede volverse real porque la tendencia va hacia allá o porque ellos mostraron sendas que no se veían y que otros abrieron. Dos de los más grandes autores que dio el siglo xx fueron Aldoux Huxley y George Orwell. Los estudiantes actuales que leen Un mundo feliz y 1984 no pueden creer que fueron escritos hace más de setenta años, cuando ni siquiera era pensable una computadora personal: los trabajos los hacíamos en nuestras máquinas de escribir, sin borrador automático, haciendo esfuerzos porque la página no estuviera chueca, en poner acentos, en no equivocarnos de tecla…
Hablando con un amigo sobre el fallecimiento de Bradbury me vino a la mente una película que para mí es reciente, aunque los jóvenes deben considerarla un clásico visto en su infancia: Wally. Una joyita. Muy buena animación y una excelente historia, sin sexo, pero con romanticismo, idealismo y lucha por el poder. En el centro de todo: una minúscula planta. La película representa el Arca de Noé versión siglo xxi. Un planeta arrasado. Una ciudad espacial con terrícolas obesos. Dos robots. La posibilidad de regresar.
La crisis civilizatoria que estamos viviendo parece conducirnos hacia allá. Lo que la Biblia llamaba “el pequeño resto” que sobrevivía tras una catástrofe y continuaba con su tradición, ahora será el que sobrevivirá de alguna manera, sea en el espacio o bajo tierra, y que continuará con el linaje humano. Si Noé se llevó a su familia y a una pareja de cada especie animal para que se reprodujeran, quizás ahora los que se irán serán los que tienen el poder económico y fáctico para encontrar lugar en el Arca y a personas que puedan serles útiles. Quizá llevarán elementos genéticos (células madre o algo así) que permitan reconstruir la vida de animales, plantas, aunque, evidentemente, no de toda la magnífica fauna y flora que tiene la Tierra.
¡Tantos acontecimientos se conjuntan para hacernos predecir este funesto futuro! Pero, como nosotros no entraremos en el Arca ni estamos seguros que esto se dé, seguimos manteniendo la esperanza contra toda esperanza. Debemos decidir por lo que a corto plazo es lo mejor y que puede orientar a un cambio de sistema. Lo que dicen las grandes televisoras es muy diferente a lo que se lee en Internet. Sí, creo que se urde un fraude, y me pregunto: ¿cómo los ciudadanos podemos exigir que no sea la compañía Hildebrando la que cuente los votos? ¿No debería ser ilegal puesto que uno de los dueños tiene relaciones con el presidente, y porque ellos contaron los votos en la elección del 2006?, cuyo resultado seguimos cuestionando. Por personas cercanas sé de formas para controlar el voto de empleados del gobierno o privados, y si a esto le sumamos las campañas pagadas a Televisa… Hoy veremos de qué están hechos los candidatos. Esto no terminará hasta que se termine.
Además, opinamos que Hildebrando no debe contar los votos, que hay que respetar los acuerdos de San Andrés, seguir expulsando a las mineras de todo el territorio mexicano, en especial de Wirikuta, detener la existencia de monopolios, cambiar el imaginario colectivo que nos implantaron con el neoliberalismo…

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