Números fantásticos de Andrés Manuel y hasta ahí llegó Josefina

 

Félix Fuentes

Si fuese cumplida la mitad de las promesas hechas en el debate del domingo pasado, el bienestar de las familias estaría asegurado en los próximos seis años. Habría escuelas para todos los niños, becas a cuantos estudiantes haya en México, cientos de miles de empleos, pensión para ancianos y madres solteras, etcétera, etcétera.

Habitaríamos en el nuevo país de las maravillas, pero… como preguntó el candidato del Panal, Gabriel Quadri, ¿de dónde va a salir el dinero  para satisfacer esos  ofrecimientos y los reclamos de al menos 60 millones de pobres, cifra dada a conocer por el candidato priista Enrique Peña Nieto?

El dinero no cae del cielo. Ya vemos que la nueva crisis financiera mundial se debe a los desfalcos de naciones europeas, entre ellas Grecia, Italia y España, país éste al que se rescata mediante un préstamo enorme, de 100 mil millones de euros.

Andrés Manuel López Obrador es quien más ofrece  perlas de la Virgen y no tiene idea sobre los volúmenes requeridos por México y cómo deben ser  canalizados. Se dice honesto y quiere  convertirse en  vigilante de más de 3 billones del presupuesto nacional.  Sí, pero que no aparezca por ahí el “señor de las ligas”.

En sus exageraciones, Andrés Manuel aseguró que va a ahorrar al pueblo de México 300 mil millones de pesos mediante la reducción de sueldos a  funcionarios públicos. Aquí encaja el postulado bíblico de “Perdónalo, Señor”, no sabe lo que dice.

No perdió la oportunidad el presidente Calderón de rectificar al tabasqueño y en un mensaje por Twitter advirtió: “Si el gobierno despidiera a todos los altos funcionarios ahorraría 2 mil millones de pesos”, no los 300 mil millones dichos por López Obrador.

El secretario de Hacienda, José Antonio Meade, entró  al golpeteo contra López Obrador y dijo que se erogan 264 mil millones de pesos en salarios, pero de  toda  la burocracia y, de esa cantidad, 0.7% corresponde a altos mandos.

Por supuesto, tampoco se convenció de eso. Afirmó que tiene sus propias cuentas, como ha dicho de  sus  encuestas, en las cuales él es ganador absoluto. Por ello rechazó,  al comparecer en el programa Tercer Grado, la firma de un acuerdo para aceptar los resultados del 1 de julio. “Ya gané”, aseguró.

Hubo coincidencia entre Peña Nieto y López Obrador en la urgencia de rescatar el campo, el cual se encuentra abandonado desde el régimen de Miguel de la Madrid, cuando arribó la tecnocracia al PRI-gobierno.

Peña planteó la necesidad de impulsar la agricultura, dado que son importadas  dos terceras partes del maíz consumido en México.

Ese déficit se produjo durante los gobiernos tecnócratas y panistas, lo cual incide en el hambre que padecen amplios sectores populares. En un posdebate dijo el coordinador de campaña de Peña,  Luis Videgaray, que los panistas siempre exigen la reducción de presupuestos al agro y esto ocasiona pobreza y más migración de campesinos.

En el segundo debate, López Obrador se abstuvo de agredir a Peña Nieto. Fue otro Peje y el mexiquense tampoco dijo ni refutó nada al candidato de las izquierdas.

A juicio de sus asesores, el priista se guardó las respuestas preparadas para ese propósito y esto pudiera explicar por qué a los millones de televidentes y radioescuchas les pareció simplón el encuentro.

Vázquez Mota golpeó con todo a sus tres adversarios, pero sigue a más de 15 puntos de Peña Nieto y todo indica que hasta ahí llegó.