No todo está reventado
Teodoro Barajas Rodríguez
Morelia.- La historia electoral en los últimos años dio varios vuelcos, el sistema de partidos que tenemos es de reciente creación, lo paradójico es que éste hace agua con suma facilidad porque ha diseñado una actitud de hartazgo en amplios sectores sociales.
Si hacemos memoria y acudimos a los comicios de 1988 destacaríamos una reprochable opacidad porque no había un árbitro, los nuevos paradigmas de acceso a la información brillaban por su ausencia en aquel entonces, nadie pensaría que Manuel Bartlett terminaría en el año 2012 como el candidato a senador por sus otrora contrincantes que no han dejado de reprochar su corrimiento al salinismo en aquel turbulento año.
En 1994 comenzó a operar el Tratado de Libre Comercio, también en ese lapso se registró el crimen contra Luis Donaldo Colosio Murrieta, igual suerte corrió Francisco Ruiz Massieu y por si fuera poco fue la irrupción del EZLN en la selva chiapaneca. El PRI resultó vencedor con Ernesto Zedillo Ponce de León en medio de serios fenómenos políticos.
El año 2006 fue uno en extremo polarizado por un exceso de propaganda de contraste —le llaman así con tal eufemismo a la guerra de calumnias—, esa vez la diatriba y las peores malas artes llenaron muchos medios para resaltar y acentuar el encono en una democracia devaluada que cada vez ofrece más pautas a la plutocracia.
Llegamos al 2012, año en que parece dibujarse la alternancia porque las encuestas sitúan cada vez más lejana a Josefina Vázquez Mota, quien no reconoce la guerra fallida del presidente Felipe Calderón contra un poder fáctico que genera costos, es decir, los grupos del crimen organizado.
Y si bien cada cual de los candidatos tiene su propia visión, los debates se estacionan en una agenda que en algún momento fue eje monotemático, las protestas estudiantiles.
Por ello me pregunto por qué resulta tan complejo debatir en nuestro país y no me refiero al ejercicio entre candidatos que debe ser práctica común, sino a los planteamientos de muchos de sus seguidores que ofuscados por la pasión suelen reventar la posibilidad de un duelo de ideas tan necesario como útil.
El movimiento de jóvenes de diversas universidades tanto públicas como privadas allí está, dándole un estatus de quinto poder a las redes sociales y situando un posicionamiento al alcance de todos, esa iniciativa ha mantenido encendida la discusión en el marco de las campañas que permanecían heladas, aburridas e intrascendentes porque los aspirantes a cargos de elección se venden como marcas, las ideologías casi se han extinguido.
No obstante, lo que sí resalto es la falta de un debate de ideas porque regularmente las descalificaciones o actitudes violentas se repiten, es un mal síntoma, jóvenes desquitando su inconformidad contra el vehículo de Enrique Peña Nieto. No sé qué habría ocurrido si el candidato hubiese estado allí, es obvio que la democracia ni se vigoriza ni avanza bajo tales premisas.
Es sano que las diferencias ideológicas se toquen mediante el diálogo, la discusión y debate porque son herramientas que la política ofrece para buscar verdades, contraverdades y consensos, creo que se trata de ello porque la pluralidad también acentúa coincidencias. No todo está reventado.
