Juan Antonio Rosado
¿Quién no ha leído Aura, tal vez la nouvelle más lograda de Carlos Fuentes? Por ello, porque asumo que es ya un clásico de la literatura mexicana, me conformo con recordar algunos de los rasgos de este texto, al que Todorov calificaría como «polivalente», en el sentido de que retoma y parodia propiedades o elementos de textos anteriores de una forma evidente, ya que Aura acusa un influjo positivo tanto del cuento «La cena», de Alfonso Reyes (también de estructura cíclica) como de Los papeles de Aspern, de Henry James, de estructura tradicional, lineal. La fuerza de las atmósferas de estas dos narraciones: la casa inmensa y oscura, que nos recuerda las novela góticas, donde viven dos mujeres, una joven y una vieja, es perceptible en Aura, y podría afirmarse que esta obra de Fuentes es una parodia de las dos; parodia en tanto inversión, cambio o ridiculización del o de los discursos precedentes. Por ejemplo, en Los papeles de Aspernhay una voluntad por parte de un crítico literario de ir a buscar los papeles de un gran poeta (Aspern); en Aura, en cambio, Consuelo contrata a un historiador joven para que reescriba las memorias (malas) de su difunto esposo.Aspern paga la estancia en la casa. A Felipe Montero,protagonista de Aura, le pagan.
Hay también otros influjos decisivos: el libro La bruja, del historiador francés Jules Michelet (de donde Fuentes toma el epígrafe), así como el prurito de la antigua alquimia china, que nunca consistió en la obtención de piedra filosofal alguna ni de ningún metal, sino de la eterna juventud. Y justamente Consuelo, a través de la brujería, atrae al historiador Montero (que en realidad es su propio esposo, el general Llorente, de joven), por medio de una invención: Aura, quien no es sino ella misma también de joven. Una de las interpretaciones posibles de la palabra Aura es oro (de aurum), el metal brillante, siempre nuevo, así como el «aura infernal» de la que habla Michelet cuando dice que con la llegada e implantación del cristianismo la mujer empieza a estar habitada por los demonios, que la llenan «de un aura infernal», haciéndola pecar. Aura también es la tercera persona singular del verbo francés avoir (habrá, tendrá). La nouvelle de Fuentes está escrita justamente en tiempo futuro, y parece que es la bruja Consuelo la que habla en segunda persona, como si fuese una conciencia superior que le ordena al personaje-títere qué hacer. Como Aura es una invención imperfecta, sólo dura tres días, el tiempo que dura la narración cíclica. Al final del libro se lee: «Volverá, Felipe, la traeremos juntos», y casi al principio: «Le dije que regresaría». Los personajes viven atrapados en un lapso de tres días que se repite infinitamente. Podría afirmarse que el sentido ritual de Aura está representado justamente por un erotismo circular. Allí se recupera el aspecto sagrado de los rituales eróticos tanto precristianos («paganos») como «satánicos». Toda proporción guardada, ocurre algo similar a lo que había hecho José Juan Tablada en su poema «Misa negra» (1898). Por todo lo anterior, esta nouvelle, a pesar de su brevedad, es compleja y profunda.
