Fortaleza de la ley

Alfredo Ríos Camarena

Esta es una de las últimas reflexiones que escribo en torno al proceso electoral; durante las campañas, siguen aparentemente en los mismos términos las preferencias, de acuerdo con la mayoría de las encuestas más reconocidas.

El fenómeno de la posibilidad del voto útil, que pudiera impulsar al segundo lugar para cerrarse con el puntero, está descartado; pues por una parte, los panistas y la propia Josefina Vázquez Mota piensan que ésta se encuentra en segundo lugar y que tienen posibilidades de triunfo; por su parte, Andrés Manuel López Obrador, definitivamente se autoproclama ya, como el puntero; en consecuencia, sus votantes y seguidores no votarán por otro candidato.

El resultado de esta ecuación, que equilibra al PAN y al PRD, sin duda a quien favorece es al candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, quien a pesar del debate, al que no quiso asistir, con toda razón —organizado por los jóvenes del movimiento Yo Soy 132—, y a pesar de las provocaciones que ha recibido y de las manifestaciones que se han realizado, sigue muy arriba de sus competidores. Porque la percepción de una minoría activa y movilizada no cambia, sino por el contrario, afirma el voto de una mayoría silenciosa, convencida de la razón de su sufragio.

En estas condiciones, lo que puede inquietar a las instituciones electorales y al país en general son las posibilidades de movimientos que pretendan cuestionar el resultado final, alegando fraude electoral. Es importante subrayar la fortaleza de la ley y de las instituciones electorales que nos garantizan, sin lugar a dudas, la seguridad y la certeza jurídica que implica la imposibilidad de realizar actos ilícitos que afecten el resultado; desde la selección de los funcionarios de casilla, el conteo de cada una de las urnas, la presencia de los observadores electorales, el padrón con fotografía y los controles establecidos, nos garantizan la certeza y la imparcialidad del proceso; claro, puede haber errores, puede haber manipulaciones, y sobre todo, puede haber ignorancia en el conteo de los votos, pero existen numerosas instancias, perfeccionadas por la ley actual, que definitivamente impiden la realización de algo indebido. Por eso, es importante tener confianza en la responsabilidad del Instituto Federal Electoral y de los partidos políticos.

A mayor abundamiento, la elección —como prevén los sondeos de opinión pública— dará un resultado de cuando menos 6 puntos arriba para el ganador de la elección; lo cual, hará mucho más difícil que existan protestas populares que tengan eco en la opinión pública; la madurez del pueblo de México está probada, las instituciones constitucionales se han perfeccionado.

En cualquier caso, la marcha del país requiere respeto a la voluntad democrática y la continuidad institucional de los órganos fundamentales de la república, como el Congreso de la Unión y el Poder Ejecutivo federal; vivimos un complejo momento en la economía mundial y, en el interior del país, sigue lacerándonos la acción del crimen organizado y la angustia colectiva frente a la inseguridad pública.

La nación debe marchar con serenidad hacia el futuro, respetando la voluntad que se exprese en las urnas. Mi convicción personal es que ganará Enrique Peña Nieto, y debemos respetar su triunfo, pero si ocurriera algo inesperado, y el triunfador fuese Andrés Manuel López Obrador o Josefina Vázquez Mota, nuestra conducta deberá ser la misma, de respeto a las instituciones.

Quiero recordar que en la elección presidencial pasada, cuando la toma de posesión del presidente Calderón estaba impedida físicamente por los grupos que protestaban por el resultado electoral, los diputados priistas —de los cuales yo formaba parte— irrumpimos en la salón de sesiones del Pleno del Congreso enarbolando pequeñas banderas mexicanas, como símbolo de respeto a la república. Cabe señalar que no nos gustó el proceso electoral, ni el triunfo de Calderón, pero por encima de nuestras preferencias decidimos, razonada y respetuosamente, apoyar su toma de protesta; ésta es la lección que dejó el PRI y sus diputados de la LX Legislatura, para que, de ninguna manera, las instituciones del país puedan ser vulneradas por circunstancias coyunturales.

El primero de julio habrá una elección y tenemos la confianza absoluta en las instituciones nacionales, para que se respete la voluntad del pueblo de México, así lo exigen la democracia y la Constitución de la república.