Ricardo Muñoz Munguía
La antología Historias del ring (Cal y Arena, 2012) es un libro para lectores de todos los pesos. Puños enmarcados con la literatura se dejan ver en un volumen que a pesar de su tamaño (cerca de cuatrocientas cincuenta páginas) no tiene desperdicio. De hecho, la compilación revela que hubo un valioso ojo para ajustarse a la medida ideal pero, tratándose de boxeo, podemos presumir que bien podría tener un segundo volumen estas historias.
La antología con la selección de Alejandro Toledo y Mary Carmen Sánchez Ambriz —autores también del prólogo— da como resultado un libro sumamente disfrutable porque nos lleva al terreno del deporte “más varonil”, como se le ha hecho llamar, con los tintes de la ficción y, otros, basados en la realidad abierta. El boxeo ha sido suficiente motivo para arrancar maravillosas historias de ficción y ensayo sobre pugilistas que, en muchos casos, han caído a la lona de su vida; el alcohol y/o la droga han sido factores importantes para su declive. Un ejemplo de ello es el Púas Olivares, quien sueña con sacar un nuevo campeón de su gimnasio que ¡está en la calle!, literalmente. Así como al Púas, otros boxeadores que han llegado a la cima del boxeo para caer en la sima del olvido, reciben una pensión de cinco mil pesos mensuales de una fundación de Carlos Slim, según el mismo Olivares ha revelado.
Se han cumplido ciento veintitrés años de que el marqués de Queensbury estableciera reglas aún vigentes del boxeo y, también, introdujera los guantes para este deporte en el año de 1889. De ahí, es de imaginarse la cantidad de historias que podrían agruparse, por ello es valioso el índice que se arma en cinco apartados: en cuento: Jack London, Ernest Hemingway, Julio Cortázar, Guillermo Samperio, José Luis González, Ignacio Aldecoa, Ricardo Piglia, Juan Villoro, James Carlos Blake y Ana María Shua; en ensayo: Salvador Novo, Ernesto Giménez Caballero, Enrique Jardiel Poncela, Joyce Carol Oates, Julio Cortázar, Eduardo Arroyo, Guillermo Cabrera Infante, Eliseo Alberto y F.X. Toole; en novela: Arthur Conan Doyle y Dashiell Hammett; poemas: Guillaume Apollinaire, Antonio Machado, Blai Bonet, Eduardo Lizalde, Rafael Acevedo y Nicolás Guillén; por último, en crónicas y reportajes: Ramón Márquez entrevista con Ali, Norman Mailer sobre El combate del siglo, Ricardo Garibay con Las glorias del gran Púas, Héctor de Mauleón con Casanova Señor de las Moscas y José Ramón Garmabella sobre Raúl Ratón Macías.
Historias del ring, por supuesto, interesa, conmueve, revela, asombra…, como el caso que expone F.X. Toole para ver a un púgil desde otro ángulo: “Denle la mano a un boxeador algún día. Comprobarán lo suaves que son sus manos de tanto sudar envueltas en gasa y cuero; lo pequeñas que las tienen en comparación con otros deportistas de la misma estatura, y cómo estrechan la mano con la delicadeza de una monja. Muchos tienen voz aguda; Jack Dempsey la tenía de joven. Muchos hablan como si fueran personajes de caricaturas. Larry Holmes lo hace, lo mismo que Mickey Tison, quien además tiene la voz aguda”. Así, de esas experiencias de batallas en el ring, con victorias y fracasos, que en la memoria de los que somos aficionados quedan como tatuajes, hoy las volvemos a vivir en esas páginas.
La antología con la selección de Alejandro Toledo y Mary Carmen Sánchez Ambriz —autores también del prólogo— da como resultado un libro sumamente disfrutable porque nos lleva al terreno del deporte “más varonil”, como se le ha hecho llamar, con los tintes de la ficción y, otros, basados en la realidad abierta. El boxeo ha sido suficiente motivo para arrancar maravillosas historias de ficción y ensayo sobre pugilistas que, en muchos casos, han caído a la lona de su vida; el alcohol y/o la droga han sido factores importantes para su declive. Un ejemplo de ello es el Púas Olivares, quien sueña con sacar un nuevo campeón de su gimnasio que ¡está en la calle!, literalmente. Así como al Púas, otros boxeadores que han llegado a la cima del boxeo para caer en la sima del olvido, reciben una pensión de cinco mil pesos mensuales de una fundación de Carlos Slim, según el mismo Olivares ha revelado.
Se han cumplido ciento veintitrés años de que el marqués de Queensbury estableciera reglas aún vigentes del boxeo y, también, introdujera los guantes para este deporte en el año de 1889. De ahí, es de imaginarse la cantidad de historias que podrían agruparse, por ello es valioso el índice que se arma en cinco apartados: en cuento: Jack London, Ernest Hemingway, Julio Cortázar, Guillermo Samperio, José Luis González, Ignacio Aldecoa, Ricardo Piglia, Juan Villoro, James Carlos Blake y Ana María Shua; en ensayo: Salvador Novo, Ernesto Giménez Caballero, Enrique Jardiel Poncela, Joyce Carol Oates, Julio Cortázar, Eduardo Arroyo, Guillermo Cabrera Infante, Eliseo Alberto y F.X. Toole; en novela: Arthur Conan Doyle y Dashiell Hammett; poemas: Guillaume Apollinaire, Antonio Machado, Blai Bonet, Eduardo Lizalde, Rafael Acevedo y Nicolás Guillén; por último, en crónicas y reportajes: Ramón Márquez entrevista con Ali, Norman Mailer sobre El combate del siglo, Ricardo Garibay con Las glorias del gran Púas, Héctor de Mauleón con Casanova Señor de las Moscas y José Ramón Garmabella sobre Raúl Ratón Macías.
Historias del ring, por supuesto, interesa, conmueve, revela, asombra…, como el caso que expone F.X. Toole para ver a un púgil desde otro ángulo: “Denle la mano a un boxeador algún día. Comprobarán lo suaves que son sus manos de tanto sudar envueltas en gasa y cuero; lo pequeñas que las tienen en comparación con otros deportistas de la misma estatura, y cómo estrechan la mano con la delicadeza de una monja. Muchos tienen voz aguda; Jack Dempsey la tenía de joven. Muchos hablan como si fueran personajes de caricaturas. Larry Holmes lo hace, lo mismo que Mickey Tison, quien además tiene la voz aguda”. Así, de esas experiencias de batallas en el ring, con victorias y fracasos, que en la memoria de los que somos aficionados quedan como tatuajes, hoy las volvemos a vivir en esas páginas.
