Mónica Ávila Luna

Releer los cuentos de Juan Rulfo con motivo de la celebración de su nacimiento nos hacen apreciar y redescubrir el valor de la obra literaria, así como nos impulsa a tratar de entender el contexto en el que se desarrollan los cuentos de El llano en llamas y pensar el porqué estos relatos siguen vigentes en el imaginario de los lectores.

Se ha comentado en bastantes ocasiones cómo este libro, compendio de diecisiete cuentos, fue un parteaguas en la narrativa mexicana del siglo XX, no estamos en la continuación de la novela de la Revolución en donde la temática eran los hechos históricos vistos desde la perspectiva de diferentes autores; esta corriente estuvo plagada de mucha acción, los personajes estaban delineados perfectamente y seguían fielmente las órdenes de un caudillo, pero ¿qué pasó después de ese periodo en la literatura? De repente, México completo se volcó a la ciudad, al desarrollo comercial y tecnológico que poco a poco se instaló de la mano de los gobiernos progresistas de ese entonces, atrás quedaron los temas de la reconstrucción y unificación del país, porque para la mayoría estos temas estaban resueltos;  más bien era la hora de la subjetividad, “En 1950, en El Laberinto de la soledad, ya Octavio Paz había encontrado que «el mexicano», con toda su especificidad, hablaba o debería hablar en su literatura como el resto de occidente.” [i]

Fue el tiempo de la fragmentación, de las voces personalizadas que daban su punto de vista sobre la sociedad y el gobierno, sobre los mitos de la revolución y la crítica a la misma. Es en 1953 cuando se publica el libro de cuentos de Juan Rulfo, hecho importante ya que es una obra considerada por la crítica, como perteneciente a la corriente del realismo mágico con pocos exponentes hasta entonces (14 años después aparecería Cien años de soledad). Y la voz de Rulfo se alzó con tal predominio en la literatura que se siguen celebrando y estudiando sus cuentos.

La temática de sus relatos gira alrededor de tres ejes que, adelantaba el autor, serán siempre los puntos de partida  de la escritura, “…sabemos perfectamente que no existen más que tres temas básicos: el amor, la vida y la muerte. No hay más, no hay más temas, así es que para captar su desarrollo normal, hay que saber cómo tratarlos, qué forma darles, no repetir lo que han dicho otros.” [ii]

Rulfo buscó incansablemente ese tratamiento, cómo describir el sentimiento de un hombre que ha sufrido los golpes del destino y para quien contar esa desesperación, tristeza, amargura y desolación es su principal catarsis en la vida. Estamos frente a un autor que desde pequeño sufrió la pérdida de toda su familia: padre, madre, hermanos, hogar, alegría; relata que cuando quedó huérfano tuvo que vivir en un orfanato de Guadalajara, es decir, sufrir doblemente el desarraigo familiar y social, lugar del que menciona sólo aprendió a deprimirse.

Así que su voz tenía que decir y, de cierta forma, exigir ser escuchada, fuera de su experiencia quedaba el discurso oficial del progreso, eso era mentira. Su vida fue una demostración de ello, le fue arrebatada su familia, su hogar y lo más importante, la esperanza de que en algún punto del camino la situación mejorara, que ese terrible tedio e inercia en el que vivían las personas del interior, quienes quedaron estáticas después de todo el movimiento revolucionario, pudiera resolverse. Más tarde, Rulfo tiene la posibilidad de migrar a la ciudad para estudiar, pero es otra vez el destino, personaje que lo delineará por siempre, quien lo obliga a trabajar en diversas ocupaciones. La historia en adelante está contada. Los cuentos de Rulfo van a retratar la realidad, la cosmovisión pura de las personas dibujadas suavemente como sombras para quienes no existe el progreso, la esperanza, el porvenir ni la alegría porque se han quedado estancadas en un punto muerto en el tiempo; es esta intemporalidad la que no produce vida, al contrario, produce muerte y vacio. Temas que serán clave en la obra del autor y que dejan huella de cómo interpreta la vida un jalisciense de mediados de siglo que tiene la oportunidad de alzar la voz, una voz poética clara y potente, sin rodeos o pretensiones, para poder denunciar la tremenda desigualdad, injusticia y violencia que existía en el México de ese entonces y que puede pasar en cualquier parte en todo momento.

Analicemos ahora uno de los cuentos magistrales del libro, “Luvina”, en donde el autor refleja muchas de sus preocupaciones con respecto a problemas de la existencia, el destino, la desesperanza y la inercia de una vida sin sentido. Cuento plagado de pesimismo y fatalismo en donde los personajes están predestinados a una realidad áspera, cruel e implacable. La naturaleza juega el papel de dios en un mundo donde no hay esperanza ni a quién recurrir.

“Luvina” es un cuento donde el autor no sigue los cánones clásicos de la narración, fuera ha quedado la anécdota y el desenlace, estamos frente a un relato que explota la ambientación para crear un efecto estético desolador en el ánimo de los lectores. Luvina es un lugar que despoja, arrebata ilusiones, sueños, vida, utilidad, alegría y hasta el tiempo de sus personajes, “- Por cualquier lado que se le mire, Luvina es un lugar muy triste. Usted que va para allá se dará cuenta. Yo diría que es el lugar donde anida la tristeza.” [iii] Es triste porque el sólo hecho de existir allí arrebata la voluntad del que se atreve a permanecer, rompe el ánimo y lo corrompe. Describe el que relata un lugar donde no llueve, no hay árboles, animales ni personas. Pero, ¿quién es el que cuenta la historia? Si proseguimos en la lectura nos enteramos que fue un antiguo maestro del pueblo de Luvina, alguien de fuera que pudo salir de allí y está en una especie de umbral en donde se dedica a advertir a todo aquel que se aventure, lo que le puede ocurrir si traspasa los límites de ese purgatorio.

Este personaje que funciona como narrador y personaje en la historia tiene un punto dudoso, sabemos que entiende perfectamente la mentalidad de Luvina porque ha estado allí intemporalmente, deja de ser entonces un extraño, alguien diferente porque ha bebido toda la esencia del lugar, tanto así que lleva ese ambiente a su propio espacio (una cantina). Después de leer el cuento ¿cómo saber que toda esta descripción no está ya focalizada desde el punto de vista de un derrotado? es decir, ¿realmente no hay salvación para Luvina?, ¿desde hace cuánto tiempo las cosas son así? Porque el visitante viene con el espíritu del cambio y aun antes de llegar es contaminado por el ambiente de Luvina, es notorio que existe un dejo de pesimismo muy marcado en el autor, quien decía que él no se inmiscuía en sus cuentos, hacer eso implicaba crear un ensayo en el que se exponen las ideas, en voz del autor: “Tengo la característica de eliminarme de la historia, nunca cuento un cuento en que haya experiencias personales o que haya algo autobiográfico,[…si] llega uno a meter sus propias ideas se siente filósofo, en fin, […]Cuando sucede eso se vuelve uno ensayista.” [iv]

Pero nos damos cuenta y sabemos que es casi imposible desligar a un autor de sus experiencias y su literatura, de hecho eso es el punto central de su literatura, la vida, entonces cómo no convertir un cuento de Rulfo en una filosofía de vida si tenemos los elementos biográficos para corroborarlo. Creo que es aquí donde radica la riqueza del texto, en la plasticidad que tiene de ser interpretado y visualizado. “Luvina” es más que un espacio geográfico desolador, es un estado psíquico y emocional en que se encuentra el hombre desarraigado, no podemos deslindar el hecho de que es una ficción fruto de las inquietudes más profundas del autor. Son estas inquietudes las que comparte todo el género humano, cuando una literatura trata sobre el porqué de la existencia, la desolación y el desconsuelo de esta manera, se convierte en universal.

El cuento de “Luvina”, a pesar del autor, es filosófico, metafísico y alegórico porque, ¿qué representan estas mujeres enlutadas que deambulan por el pueblo?, ¿el viento que ensombrece el ambiente y ataca el espacio geográfico con tal violencia?, ¿el espacio siempre desolado y yermo, vacio de toda vida? En esta lectura me parece que Rulfo, aunque aclara que son sus cuentos invenciones y mentiras, retrató la desolada existencia del hombre que ya no tiene esperanza en nada, ni en Dios, ni el gobierno, ni el hombre mismo. Luvina es la representación del mundo en donde hemos sido arrojados sin ningún motivo y para ningún fin. La gratuidad del existencialismo es lo que permea en el fondo el relato y estas figuras son alegorías del recuerdo, del destino y de la vida, la cual  ya no genera nada, y permanece inamovible en un estado de apatía e inercia total a la espera solamente de la muerte.

Cuando Agripina, la mujer del maestro, va en busca de alojamiento y no regresa, su esposo la busca y la encuentra sentada en una iglesia deshabitada, entonces le pregunta:

-¿Qué haces aquí, Agripina?

– Entré a rezar- nos dijo.

– ¿Para qué? – le pregunté yo.

Y ella se alzó de hombros.

Allí no había a quién rezarle. [v]

Atrás ha quedado el tiempo en que la fe era el pilar de la salvación humana, en Luvina no hay Dios, por eso mismo no existe ni el consuelo ni la redención,  los seres que habitan el pueblo permanecen siempre inmóviles, eternos en un paraje al que fueron arrojados y en el que están resignados a permanecer eternamente, “Nadie lleva la cuenta de las horas ni a nadie le preocupa cómo van amontonándose los años. Los días comienzan y se acaban. Luego viene la noche. Solamente el día y la noche hasta el día de la muerte, que para ellos es una esperanza.” [vi]  Así es el transcurrir del tiempo para estos seres, únicamente viejos y mujeres que no hablan, sólo se mueven como impelidos por los hábitos, aquí no hay niños, la vida es representada por lo frágil de la senectud y lo desvalorizado de la condición femenina porque las abandonan a espera de la nada.

El maestro que es el que observa, el crítico de la situación, fue corrompido por la vida, por este permanecer en el mundo de Luvina que lo quebró, “San Juan Luvina. Me sonaba a nombre de cielo aquel nombre. Pero aquello es el purgatorio. Un lugar moribundo donde se han muerto hasta los perros y ya no hay ni quien le ladre al silencio; pues en cuanto uno se acostumbra al vendaval que allí sopla, no se oye sino el silencio que hay en todas las soledades. Y eso acaba con uno. Míreme a mí. Conmigo acabó. Usted que va para allá comprenderá pronto lo que le digo…” [vii] Por lo tanto el cuento nos transmite una innegable sensación de desolación en donde podemos percibir que Rulfo denunció esta realidad social de la provincia mexicana tal cual es; lo hizo de tal manera que gracias a él es que podemos dar una interpretación literaria y filosófica  ya que todo lo que retrató es universal.


[i] Carlos Blanco Aguinaga, Introducción a Juan Rulfo, El llano en llamas, 16° ed., Madrid, Cátedra, 2006, (Letras Hispánicas No. 218), p.13

 

[ii] Juan Rulfo, “El desafío de la creación”, en  Teorías del cuento III: Poéticas de la brevedad, Ed. Lauro Zavala, México, UNAM, 2008, (Serie El Estudio) p. 167

 

[iii] Juan Rulfo, El llano en llamas, Madrid, Cátedra, 2006, p. 114

 

[iv] Juan Rulfo, “El desafío de la creación”, en Op. cit., p. 170

[v] Juan Rulfo, El llano en llamas., p. 116

 

[vi] Ibídem, p. 118

 

[vii] Ibídem, p. 120