Código de ética apartidista

Raúl Rodríguez Cortés

La movilización de jóvenes que ha surgido en medio de esta arcaica, tediosa, opaca, repetitiva y poco esperanzadora competencia político-electoral ha mostrado crecimiento y congruencia durante las tres últimas semanas

El detonante de ese movimiento fue el repudio abierto de un grupo de estudiantes de la Universidad Iberoamericana al priista Enrique Peña Nieto, no porque esa opción política y su candidato no tengan derecho a contender y a convencer, sino porque los jóvenes descubrieron y denunciaron maniobras de grupos de poder real (políticos y económicos) para manipular la percepción del verdadero tamaño de la candidatura del priista, con la intención —aseguran— de imponerlo desde ya (en la percepción, por supuesto) como el ganador incuestionable de los comicios presidenciales.

Por eso la exigencia de claridad y objetividad informativa que plantearon a Televisa, en marchas a sus sedes de Santa Fe y San Angel, a las que se sumaron estudiantes del Tecnológico de Monterrey, el ITAM y la Universidad Anáhuac después de que el autoritarismo de los genes tricolores llevó a algunos de sus líderes y voceros a afirmar que los jóvenes que cuestionarion y repudiaron a Peña Nieto no eran estudiantes sino acarreados manipulados por Andrés Manuel López Obrador.

Eso dio lugar a una contestación en video a través de Youtube titulada “131 estudiantes de la Ibero responden”.

De ese video toma nombre el movimiento “Yo soy 132” con que se convocó, vía redes sociales, a las marchas a Televisa San Angel y Televisa Santa Fe; y a una gran concentración de estudiantes en la Estela de Luz, emblemático monumento a la corrupción del régimen.

¿Estamos frente a un movimiento estudiantil? ¿Qué anima a estos jóvenes? ¿Qué los mueve?

Hablamos de un segmento poblacional instruido que no sólo tiene acceso a las redes sociales sino que ha vivido su boom y las domina. Estos jóvenes, por otra parte y a pesar de que sus familias tienen la capacidad de pagar colegiaturas onerosas, también se dan cuenta de que sus expectativas de empleo y desarrollo son limitadas en la actualidad nacional y asumen que, para ampliarlas, el país tiene que cambiar. No ven con claridad respuesta a sus necesidades en las opciones políticas en contienda.

El movimiento mismo, el “Yo Soy 132” ya genera sus propios documentos internos como es el caso de un código de ética que enfatiza que se trata de un movimiento que no apoya ningún partido político, que no es violento, que proscribe cualquier agresión física o verbal y que no pretende arruinarle la vida a nadie, por lo que siempre marchará por las banquetas y sin bloquear el tránsito.

Qué claridad y hasta humildad de estos jóvenes admirables.

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@RaulRodriguezC