Se estima que el rango es de 41 por ciento

René Anaya

Los estudiantes nuevamente se hacen visibles en nuestra sociedad con sus inconformidades y descontentos, que primero surgieron por la intención de acallar sus voces en la Universidad Iberoamericana y continuaron en un esperado despertar en las redes sociales.

A partir del 11 de mayo, el movimiento #YoSoy132 se ha extendido, saltó de las aulas a las redes sociales y de éstas a las calles y plazas públicas para demandar la democratización de los medios de comunicación, y más información sobre las posiciones de los candidatos a la Presidencia.

 

La chispa de las redes sociales

Se ha planteado que las redes sociales han servido para fortalecer y consolidar este movimiento, lo cual no es de sorprender si se toma en cuenta que, según datos de la encuesta Latinobarómetro 2007, en promedio 47 por ciento de los jóvenes entre 18 y 29 años eran usuarios ocasionales o diarios de Internet.

Esto indica “mayor ductibilidad y plasticidad para ver y leer los medios de comunicación y las redes a distancias que en última instancia significan mayores capacidades y destrezas para el relevo productivo y comunicativo en la sociedad de la información”, señala Sandra Patricia Daza-Caicedo, investigadora de políticas de comunicación y apropiación pública de la ciencia y la tecnología, en su trabajo Imagen de la ciencia y tecnología entre los estudiantes iberoamericanos.

En ese estudio, publicado en el libro Los estudiantes y la ciencia: encuesta a jóvenes iberoamericanos, compilado por Carmelo Polino, y editado por la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura, la investigadora refiere que “la sociabilidad de los jóvenes actuales está fundamentalmente construida a partir de las utilidades ofrecidas por las tecnologías de la información y la comunicación y la redes sociales virtuales que ellas modelan”.

Sin embargo, no se debe olvidar que un poco más de la mitad de los jóvenes de los países latinoamericanos no hace uso de Internet, por lo que las tecnologías de la información que han transformado los intercambios sociales en ciertos sectores, no ha eliminado necesariamente las diferencias de clase: “El equipamiento individual se vuelve un recurso de acceso personalizado a la información y el entretenimiento, y un marcador de clase que cada uno lleva consigo a múltiples escenarios”, según refiere Néstor García Canclini, citado por Daza-Caicedo.

Tal vez por esa razón, uno de los temas más importantes del movimiento #YoSoy132 sea la urgencia de lograr consolidarlo en las plazas públicas, como lo señalaron el 26 de mayo, cuando los estudiantes reiteraron que su movimiento es apartidista pero no apolítico, ya que comparte muchas de las inquietudes de los jóvenes y de la población en general sobre el rumbo del país.

 

La percepción de la ciencia y tecnología

En estas circunstancias, conviene reflexionar sobre las opiniones que los jóvenes tienen acerca de los grandes problemas que nos aquejan y sus posibles soluciones; por ejemplo, sobre la ciencia y la tecnología, que se ha comprobado contribuyen al crecimiento y desarrollo económico.

Un buen indicador de estas opiniones son los resultados de la encuesta sobre la percepción de la ciencia, realizada entre 2008 y 2010 a nueve mil alumnos de nivel medio de las capitales de Paraguay, Colombia, Argentina, Perú, España y Uruguay, y la ciudad de Sao Paulo, Brasil, que se publicó en el libro compilado por Polino.

Esos estudiantes, en términos generales, tienen condiciones socioeconómicas, políticas y culturales semejantes a las de los estudiantes mexicanos, por lo que se pueden comparar las respuestas que dieron.

En general, los encuestados tienen una visión positiva de la ciencia, 41.68 por ciento considera que proporciona muchos beneficios, en tanto que 19.6 por ciento cree que causa muchos riesgos. Sin embargo, hay ciertas diferencias, dependiendo de la clase social.

Quienes tienen índices bajos de concentración de bienes en el hogar y un clima educativo e índice de consumo sobre información de ciencia y tecnología bajos, consideran que la ciencia y la tecnología no hacen la vida más fácil y cómoda, ni mucho menos que eliminarán la pobreza y el hambre, pues no ven que sus avances se reflejen en mejorías en su estatus.

Por tanto, esto parecería indicar que se deben modificar las actuales políticas científicas, ya que sería necesario tomar en cuenta la investigación básica, pero también la aplicada para atender los problemas sociales y medioambientales, y no solamente obedecer a intereses económicos.

La conclusión de Daza-Caicedo es optimista, considera que la mitad de los jóvenes es favorable hacia la ciencia y tecnología, pero “no presentan una fe ciega y absoluta frente a sus resultados, son incluso más moderados que los adultos, lo cual, bien aprovechado, puede constituirse en la base de una ciudadanía crítica y responsable.”

reneanayas@yahoo.com.mx