Juan Antonio Rosado
En el “Prólogo” a las conversaciones entre Umberto Eco y Jean-Claude Carrière, tituladas Nadie acabará con los libros, Jean-Philippe de Tonnac parte de una idea de Notre-Dame de Paris, de Hugo: la inteligencia ha abandonado la arquitectura por la imprenta. La primera no desapareció, pero al fin de la Edad Media se vio rebajada de categoría por los textos impresos. De igual forma, aunque Internet y el libro electrónico se impongan, no podrán echar de nuestras casas ni de nuestras costumbres al libro impreso (la televisión no mató al cine).
El objetivo de Nadie acabará con los libros es presentar las conversaciones entre dos bibliófilos. Umberto Eco no requiere presentación. Jean-Claude Carrière —recordemos— fue guionista de algunas de las mejores películas de Luis Buñuel: El discreto encanto de la burguesía, Bella de día y Ese oscuro objeto del deseo, y de otras, como El tambor de hojalata, además de ensayista y dramaturgo.
En este libro no se pretende pontificar sobre Internet o el e-book. Por muchos cambios que haya sufrido el libro, este maravilloso instrumento se ha mostrado —afirma Tonnac— “fiel a sí mismo”. Umberto Eco concibe al libro como un instrumento más flexible que la computadora, pero advierte las virtudes de Internet: “Todos se ven de nuevo obligados a leer”. Luego plantea esta disyuntiva: “o el libro sigue siendo el soporte para la lectura o se inventará algo que se parecerá a lo que el libro nunca ha dejado de ser, incluso antes de la invención de la imprenta”, y también: “no se puede hacer una cuchara que sea mejor que la cuchara”. El libro ha pasado las pruebas, si bien hay veces en que —en circunstancias no corrientes— resulta más cómodo el libro electrónico. A pesar de lo anterior, no hay soporte electrónico durable.
Objeto cercano al cuerpo humano, al que puede recurrirse aun si no contamos con energía eléctrica, el libro resulta insuperable (como la escritura o la rueda) y permanecerá aunque haya un apagón generalizado. Eco y Carrière, inmersos en la cultura occidental y en las transformaciones que ésta ha sufrido en los últimos años, tratan con erudición temas como Internet y el libro, y profundizan en el papel actual que desempeñan la memoria y el olvido (lo que se filtra y lo que debe conservarse). Quizá sea éste el núcleo alrededor del cual gira la gran cantidad de ejemplos, anécdotas históricas e información que despliegan estos intelectuales. En particular, Carrière demuestra un cierto conocimiento de Oriente y de sus culturas. En suma, se trata de un libro extraordinario cuyo único defecto es que sigue repitiendo —a pesar de las pruebas en su contra— que Gutenberg “inventó la imprenta”, cuando ya sabemos que imitó y adaptó un modelo: la imprenta tipográfica de caracteres móviles que ya existía en China desde el siglo X y cuyo esquema llegó a Europa a través de los viajes. Fuera de este error, el volumen plantea ideas de inmensa actualidad.
Umberto Eco y Jean-Claude Carrière, Nadie acabará con los libros, ilustrado por André Kertész, México, Lumen, 263 pp.
