El 13 de julio de 1954, a los 47 años, muere la pintora mexicana Frida Kahlo, una de las más icónicas y reverenciadas artistas del mundo, símbolo internacional de la cultura mexicana.
Magdalena Carmen Frida Kahlo y Calderón nació el 6 de julio de 1907 en Coyoacán, actualmente Distrito Federal.
Frida Kahlo, de ascendencia mexicana por parte de su madre (Matilde Calderón) y alemana de parte de su padre (Carl Wilhelm Kahlo), tuvo contacto con el mundo artístico desde pequeña.
Su padre, importante fotógrafo que se naturalizó mexicano en 1894, colaboró bajo encargo de Porfirio Díaz, capturando la arquitectura y monumentos de México; fotografías que se presentarían en un álbum compilatorio con motivo del festejo del centenario de la Independencia. La relación que mantuvieron padre e hija, fue estrecha y calurosa. Encontraron en el arte un mismo sendero para andar durante la vida.
Padecimientos a temprana edad
La poliomielitis llega al cuerpo de la pequeña Kahlo en 1913, cuando ella tenía únicamente 6 años. Los vestigios de esta enfermedad le causarían complicaciones en su desarrollo personal. Años después, al entrar a la Escuela Nacional Preparatoria en 1922 y formar parte de la primera generación de mujeres, se unió a un grupo de jóvenes que se hacían llamar “Los Cachuchas”.
El 17 de septiembre de 1925 durante un viaje en camión, Frida y Alejandro Gómez (líder de “Los Cachuchas”) colisionaron contra un tranvía. Éste llevó arrastrando el camión hasta chocar contra la pared, ocasionando severas heridas que marcarían el arte y pintura de México; así como la vida y cuerpo de Frida, por siempre. Elena Poniatowska recopila en su libro “Las 7 cabritas” pensamientos escritos en el diario de Kahlo:
“A mí el pasamano me atravesó el cuerpo como a un toro. Un hombre me cargó y me acostó en una mesa de billar. Y me arrancó el trozo de hierro, el pasamano que me atravesaba el cuerpo de lado a lado, como lo haría un carnicero, un torero. Alex me contó que quedé desnuda y toda cubierta de sangre y de polvo de oro, el polvo se pegó a mi piel por la sangre, y que la gente decía: ‘Miren a la bailarinita, pobre de la bailarinita’. Un viajero traía polvo de oro y se regó sobre mi cuerpo en el momento del accidente. El diagnóstico fue: ‘Fractura de la tercera y cuarta vértebras lumbares, tres fracturas de la pelvis, once fracturas en el pie derecho, luxación del codo izquierdo”.
Por si lo anterior no fuera poco, se encuentra con el escenario menos imaginable. Poniatowska expone: tenía una “herida profunda en el abdomen, producida por una barra de hierro que penetró por la cadera izquierda y salió por la vagina, desgarrando el labio izquierdo. Peritonitis aguda. Cistitis que hace necesaria una sonda por varios días”, que provocarían que su autodeterminación se fortaleciera para continuar pintando, principal válvula de escape en la que encontró calma para el dolor que llevaba dentro.
Dicho accidente valió para desarrollar cualidades como la perseverancia, fortaleza, pero principalmente, su pasión. En consecuencia del terrible accidente, quedó en cama, prácticamente inmovilizada. Dada su condición física, estuvo sometida a 32 operaciones.
El previo acercamiento que tuvo con la fotografía cuando niña, le desarrolló un ojo artístico, de forma que comenzó a decorar, a trazar el corsé que la mantenía inmóvil. Continuó con dicho ejercicio. Posteriormente, mostró sus cuadros a Diego Rivera, a quien conoció en la preparatoria.
Con su compañía, Frida perfeccionó los crecientes dotes artísticos que la caracterizaban hasta llegar a pintar autorretratos y muchos otras obras llenas de dolor, de pesadez emocional. Llenas de Frida. Cuando conoció a Diego, se enamoró profundamente; la motivó a continuar pintando. Se casó y divorció de él, y después, se volvieron a casar por segunda vez.
Vivieron en Detroit, San Francisco y finalmente en Nueva York. Antes de que en México se reconociera el trabajo de Frida, en Europa y Estados Unidos ya la consultaban, hablaban sobre ella y sus obras. El francés André Breton la nombró como gran surrealista, sin embargo, ella sostuvo que: “Nunca pinté mis sueños, sólo pinté mi propia realidad”.
Aseguraba contundentemente que todo salía de lo más profundo de su ser. Diego Rivera engañó a Frida con la hermana de la pintora. En consecuencia, ella parte a Estados Unidos y, a partir de entonces, tiene gran reconocimiento internacional.
En 1940 colabora en una presentación de surrealismo en la Galería de Arte Mexicano. Finalmente, su vida concluye tal y como empezó: desafortunada, pero no sin antes presentar en 1953 una exposición individual en la Galería Mexicana de Arte Contemporáneo. Después de ésta, vendrían muchas exposiciones más.
Se le infecta un injerto de hueso que tenía en la espina vertebral. Sin embargo, estando en tales condiciones, sale a manifestarse contra el golpe de estado que entonces tomaba lugar en Guatemala. Es internada y le amputan una pierna.
Frida Kahlo, a pesar de tener una vida llena de obstáculos, problemas de salud, de amor, emocionales y físicos, mostró cómo una mujer de su categoría prevalece en el tiempo: con una vida firmada de talento, pasión y ‘garra’.
Fuente: El Financiero
