Carlos López
La relación poesía-arte plástico está aparejada a la historia de la creación. Los poetas con su oficio tratan de desentrañar el misterio del arte y prolongan la existencia de éste mediante su exégesis o creando a partir de la obra. El arte existe con independencia de quienes escriben sobre él, aunque algunos sobreponen la recepción a la creación. La piedra con el grabado hecho hace cien mil años, recuperada en las cavernas del río Klasies en el Cabo Oriental de Suráfrica, que algunos consideran la muestra de arte abstracto más antigua del mundo, es un ejemplo real de esto. La pieza artística sobrevivió a sus críticos. Lo que seguirá será motivo de estudios interdisciplinarios, desde la arqueología hasta la historia del arte, que le darán vida, a pesar de tantos años de existencia autónoma, libre, silenciosa de la pieza artística. Otro ejemplo literario lo encontramos en La obra maestra desconocida, de Honoré de Balzac, quien narra la historia de un cuadro —para el pintor, su criatura, su esposa— que permanece oculto de la vista de todos. Cuando por fin se los enseña a dos pintores, éstos sólo ven un pie en el extremo de la tela llena de capas superpuestas con las que el artista perfeccionaba su obra maestra. Al serle revelada la verdad, quema todas sus pinturas y se suicida. El arte está en la mente de quien lo sueña y en los ojos de quien lo ve. Y si esto entraña un problema mayor, arriesgarse a dar una definición de belleza linda con la locura. ¿Es la crítica de arte también una traducción? Porque la interpretación es un privilegio y una obligación del espectador, quien debe poner en juego todo su conocimiento para apreciar una obra artística. Mi duda no es ingenua; está basada en el hecho de que muchas obras de arte contemporáneo conceptual vienen acompañadas de una amplia explicación, a veces más voluminosa que la obra. Elogio del espacio. Apreciaciones sobre arte, reunión de textos de crítica de arte de Rubén Bonifaz Nuño, traductor de textos clásicos grecolatinos y poeta, que Miguel Ángel Muñoz dividió en dos partes, Visión sobre los antiguos mexicanos y De la contemporaneidad a lo contemporáneo, es un libro que ayuda a desentrañar el arte mexicano, sobre todo el hecho por los pueblos originarios. Hay una intención del autor por aclarar falsas interpretaciones; su fin es arrojar luz en el conocimiento del arte. Bonifaz echa abajo algunas categorías de análisis y parte de lo más simple para develar lo complejo del arte, sus laberintos. A pesar de que no cae en la tentación del lirismo, el vuelo poético que por momentos imprime a sus escritos da profundidad a sus observaciones; el poeta interpreta, no especula. Por momentos, la disección de las obras da una idea de la complejidad de sus formas; Bonifaz entiende el idioma de éstas; su mirada es museística. La descripción que hace de cada pieza, en conjunto representa el arte prehispánico, que entre otras cosas, se caracteriza por su sentido humanista, por el respeto al hombre y al medio ambiente. La herencia milenaria del arte —una de las formas de expresión más altas del ser humano— se manifiesta de manera panteística en cada ser; esto crea un estilo regional, lo que reafirma la idea de México como estado multinacional. Basta con asomarse a las diferenciadas formas de expresión artística en las regiones maya, tarasca, mixteca, olmeca, tolteca, teotihuacana y observar las técnicas, la idea del espacio, los materiales, la paleta de cada artista, la riqueza expresiva, conceptual, metafísica para poder apreciar el esplendor de estas culturas. En la segunda parte del libro se percibe a un ensayista más arriesgado por las categorías conceptuales que emplea; aquí aflora más el tono del poeta, no sólo por los poemas incluidos al final del texto sino por el tratamiento temático de los artistas analizados. Empieza, no por casualidad, con el estudio de la obra de Ricardo Martínez, cuyas influencias del arte prehispánico son más notorias, aunque en los artistas con los que sigue también se pueden rastrear estas ascendientes: Pedro Cervantes, Fernando de Alba, Ángela Gurría y Santos Balmori, el artista que menos influencia del arte indígena manifiesta en su trabajo, y a quien dedica el ensayo más largo del libro. Elogio del espacio tiene doble unidad, no sólo porque remarca el interés de Bonifaz por el arte mexicano desde sus raíces, sino porque casi todos los ensayos que recoge el libro están permeados por el arte con que vinieron a encontrarse los españoles desde 1492 y las influencias de éste que todavía se perciben en los pintores contemporáneos.
