Humberto Musacchio

Terminó el proceso electoral y ahora el Instituto Federal Electoral se irá a dormir durante dos años y medio, hasta que a principios de 2015 despierte para empezar a preparar los comicios de diputados federales que lo ocuparán a lo sumo seis meses, y pasada esa elección el paquidérmico instituto nuevamente se entregará al sueño.

En el IFE están dormidos, pero cobran puntualmente sus quincenas. Cualquier ciudadano se preguntará en qué ley está dispuesto ese privilegio. Nadie sabe qué edicto divino protege a esa burocracia parasitaria —valga la redundancia—que a diferencia de otros empleados públicos ni siquiera hace como que trabaja, pues salvo el Registro Nacional de Electores y alguna otra oficina menor, durante 30 meses esa horda de vividores no tiene ocupación conocida ni devenga el sueldo, que desde luego no es poca cosa.

El IFE tiene una nómina permanente que anda en alrededor de 15 mil personas, entre empleados de base y por honorarios. Cada consejero tiene a su disposición coches, choferes, oficinas, secretarias, teléfonos fijos y celulares, gastos de representación y muchas otras canonjías, entre ellas un ingreso que conservadoramente se estima en más de 300 mil pesos mensuales. Debajo de ellos hay una nutrido pelotón de funcionarios que a su vez cobra muy buenos sueldos y tiene coche, chofer, secretaria, celular, oficina y todo lo que debe tener un jefe.

Y así sigue el dispendio hacia abajo y todos defienden el hueso, porque en el país del desempleo hay que conservar la chamba. Y ante el insultante derroche, los regalos, la compra de votos, el acarreo y toda la materia excrementicia que regó el PRI, los señores consejeros optaron por no ver ni oír y piadosamente se persignaron ante las reiteradas quejas del PAN y los partidos de izquierda.

Con el silencio cómplice del IFE, el Trife y la Fepade, los partidos y los candidatos se entregan desenfrenadamente a corromper a los votantes con dádivas de todo tipo: despensas, tinacos, cemento, láminas, tarjetas de crédito telefónico y tarjetas de débito de una cadena de autoservicio. Se puede decir que todos participan en ese juego siniestro, pero el PRI es el gran maestro en el arte de comprar conciencias.

El PRI abusa de las inopias de una sociedad saqueada y empobrecida y corrompe en gran escala a los electores. Pero el IFE prefiere mirar a otro lado. Para eso, lo mejor será despedir a los consejeros y a sus 15 mil achichincles. Los ciudadanos debemos tomar en nuestras manos, en serio, el proceso electoral, sin burocracia, sin parásitos. Nos saldría más barato.