Para acallar protestas envilecidas

Marco Antonio Aguilar Cortés

El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación tiene de plazo hasta el próximo 6 de septiembre para resolver en definitiva la impugnación expuesta por la coalición liderada por Andrés Manuel López Obrador.

Lo que demandan los promoventes es la nulidad de la elección federal respecto al cargo de presidente de la república; sin embargo, la continencia de la causa involucra todo el proceso electoral e, ipso jure, incluye la integración de las dos cámaras del Congreso de la Unión.

La irresponsabilidad jurídica de los accionantes pretenden cubrirla, ellos mismos, con una supuesta e incierta responsabilidad histórica.

Empero, de todas formas intentan tener a México en una incertidumbre, gananciosa para ellos, de más de dos meses, con un lapso extra que se conforma con cerca de tres meses más, ya que la toma de posesión del próximo titular del Poder Ejecutivo federal será el primero de diciembre del año que transcurre.

Total, la maquinación es prolongar cuatro meses y días un tema electoral que 50 millones de votos ciudadanos ya resolvieron, para que, ahora, los votos de simplemente 7 magistrados resuelvan en definitiva.

Y ante tamaño absurdo, con sentido común los mexicanos preguntamos: entonces, ¿para qué tanto esfuerzo, tantas campañas alborotando a la población, tantos millones de votos ciudadanos y decenas de miles de millones de pesos gastados de nuestros impuestos, para que al final un grupúsculo judicial tenga la última decisión, sobre decenas de millones de mexicanos que ejercimos original y esencialmente la soberanía?

¿Valdrá la pena nuestro actual sistema jurídico electoral con esos resultados? En los usos y costumbres de Cherán, municipio indígena de purépechas, decide la población sin gastar ni en urnas ni en boletas ni en Instituto Federal Electoral ni en Tribunal Electoral, ni en propaganda que genera sólo basura, ni en radio ni en televisión ni en periódicos ni en regalos que compran votos.

Pero en fin, Enrique Peña Nieto, quien ganó la elección para presidente de la república, tiene un inmenso trabajo y una gran responsabilidad, y todos esperamos que lo realice eficazmente, por una parte, y por la otra que la ejerza con inteligencia.

Y para ello debe formar en torno de sí un colectivo de gente con gran honorabilidad y talento, para que, escuchándola, individualmente o en confronta socializadora, tome la decisión, ya que el cargo de presidente es unipersonal, y eso lo hace más delicado.

Su gabinete, en cada una de las secretarías u organismos, debe hacer lo mismo, formar colectivos en derredor del titular, a efecto de analizar a conciencia todos y cada uno de los problemas, y resolverlos bien, primero, y después con toda prontitud.

En estos cuatro meses y días no debe permitirse que la agenda nacional la ponga ni Andrés Manuel López Obrador ni sus seguidores. Desde ahora los temas de día a día debe plantearlos, con resolución y táctica a seguir, Enrique Peña Nieto. Tal es el mandato popular que ha recibido, y esperamos que esté a la altura de las circunstancias, primero como candidato triunfador, después como presidente electo, y posteriormente en su ejercicio como presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.

Y todos le ayudaremos, pues así nos auxiliamos a nosotros mismos. El trabajo eficaz para resolver nuestros graves problemas acallará las protestas envilecidas.