El gran reto
Carlos Jiménez Macías
Hay momentos en que pocas palabras bastan para cambiar el destino: éste es uno de ellos. Me refiero a la iniciativa que presenté en el Senado de la República ante la Comisión Permanente, donde propuse cambiar una sola palabra al texto del Artículo 83 Constitucional, pero que por sus alcances y significado sería de gran transcendencia para el desarrollo de México.
Estamos ante una oportunidad para cambiar a México, empezando por sus instituciones. Una de ellas es la Presidencia; me refiero al largo periodo que trascurre entre la elección de un presidente y la toma de posesión.
Toma cinco meses llevar a cabo la transición presidencial, lo que se traduce en un virtual interregno entre el presidente saliente y el entrante, frente a una sociedad ansiosa de conocer el rumbo que tomará el porvenir de la república.
Cada seis años, se han presentado eventos muy desafortunados que han provocado cuantiosos costos económicos, políticos y sociales. Hace muy poco, un presidente saliente dijo: “Ya puedo decir cualquier tontería, al fin y al cabo ya me voy”. O quien olvida el error de diciembre durante la Presidencia de Ernesto Zedillo, o lo que sucedió el 1 de septiembre de 1982, cuando José López Portillo, en un intento por justificar el deterioro de la economía del país, a tres meses de concluir su administración y habiendo ya un presidente electo, decretó la nacionalización de la banca.
La iniciativa propone que el periodo no podrá ir más allá de ocho semanas, plazo mucho más razonable que el actual de veinte semanas en los que parece detenerse la marcha del país en una inactividad pasmosa.
Acortar el tiempo de transición es una necesidad y una prioridad nacional que permitiría a la administración federal entrante echar a andar de inmediato los planes y proyectos que ha propuesto en campaña.
Las razones y ventajas económicas son numerosas y variadas, pues además de impedir virtuales vacíos de poder entre el titular del Ejecutivo saliente y el entrante, harían que el nuevo presidente tenga un margen de tiempo suficiente para formular, sin apresuramientos, los proyectos de Ley de Ingresos y de Presupuesto de Egresos de la Federación, así como construir a conciencia y a la par de los dos anteriores, el Plan Nacional de Desarrollo.
Estoy convencido de que mi propuesta de reforma para acortar el periodo de transición presidencial a dos meses dará legitimidad, seguridad y certeza tanto jurídica, económica, política y social al país.
No existe argumento para defender el esquema actual de transición, excepto aquél que remite a una tradición establecida a través de los años, por absurda que parezca. En este caso, considero que debemos romper con las tradiciones que se oponen al desarrollo de la nación para hacer más eficientes las prácticas democráticas de todo un pueblo.
cjimenezmacias@yahoo.com.mx

