Advierten miembros de Yo Soy 132
Antonio Cerda Ardura
Sobre la voluntad de millones de mexicanos, el ex candidato presidencial del Movimiento Progresista, Andrés Manuel López Obrador, uno de los tres perdedores en las elecciones del pasado 1 de julio, intenta ahora ir por todas las canicas: mediante la movilización ciudadana trata de presionar a los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) para que se declaren nulos los comicios y se cumpla el que podría ser su sueño más guajiro, que el priísta Enrique Peña Nieto no pueda contender en una segunda vuelta.
El ex presidente del Comité Directivo Estatal del PRI en Tabasco y perdedor en las elecciones por la gubernatura de ese estado en 1988 y 1994, y de las presidenciales de 2006, demandó formalmente, el 12 de julio, ante el Instituto Federal Electoral (IFE) la invalidez de los comicios, usando los mismos argumentos que esgrimió en las tres ocasiones anteriores: que su contrincante (ahora Peña Nieto) fue impuesto por la “minoría que domina en el país” mediante la compra de votos en todo México, con dinero en efectivo, tarjetas canjeables por mercancías, despensas, materiales de construcción, fertilizantes y otras dádivas.
Según la tesis de López Obrador, los medios de comunicación y la publicidad prácticamente “inventaron” a Peña Nieto y actuaron en un multitudinario complot para convertir al priísta en una figura nacional de gran popularidad.
En el recurso de nulidad presentado ante el IFE, el político tabasqueño sostuvo que en el proceso se violó el artículo 41 de la Constitución “que establece que las elecciones deben ser libres y auténticas”.
También estimó que se compraron unos cinco millones de votos, lo que “no permite dar certeza a ningún resultado ni al proceso electoral en su conjunto”.
Tras definir en un principio las irregularidades que, según él, cometieron Peña Nieto y su partido y en las que se sustenta la invalidez de la elección: rebase del tope de gastos de campaña; publicidad encubierta en medios electrónicos; manipulación de encuestas; excesos cometidos por priistas; compra y coacción del voto; intervención de gobernadores; estructuras paralelas de financiamiento, ahora López Obrador ha acomodado la acusación de “lavado de dinero” para intentar invalidar la elección.
Aparte de la ruta judicial, López Obrador intenta reeditar la resistencia civil pacífica de 2006, usando para esto al movimiento estudiantil Yo Soy 132, pero deslindándose, como en las ocasiones anteriores, de cualquier responsabilidad sobre la actuación de ésta o de otra movilización ciudadana.
Cero negociación
En entrevista con Siempre!, dos de los miembros de Yo Soy 132, que pidieron ser identificados sólo como “Coco” y “Miguel”, pero que participan en la acampada del Monumento a la Revolución, indican, a título personal, que no hay ninguna opción para que se negocie con Enrique Peña Nieto. Aseguran que su movimiento es pacífico y que agotarán, por esa vía, todos los recursos para lograr un cambio en México e impedir que el PRI vuelva a Los Pinos. También advierten que lo que ocurra llegado el momento de enfrentar una posible situación violenta, es algo que cada quien deberá decidir.
Se han anunciado diversas acciones, como la marcha de este 22 de julio a Los Pinos, todas con el objeto de impedir que Enrique Peña Nieto tome posesión. ¿Existe la opción de una negociación?
Coco: En este momento una negociación con Peña Nieto es completamente impensable. ¿Por qué? La negociación con una dictadura siempre va en contra. Nosotros nos estamos preparando con la organización social y con la movilización, para que, a partir de ahí podamos tener más fuerza. Cuando ellos convocan a una negociación, es porque empiezan a sentir que hay una resistencia civil con fuerza que puede amenazar. Y sí, ha habido intentos de negociación pero, por el momento, no es el plan negociar. Tenemos más bien que seguir realizando acciones que tengan como fin una reestructuración nacional.
Miguel: En el momento en que nosotros planteamos el diálogo, ellos no lo quisieron. ¿Por qué ahora sí el interés de que haya una negociación o un diálogo? Hace una semana y media hasta la acampada nos vino a buscar una comitiva de (Pedro Joaquín) Coldwell, que quería que fuéramos a tomar un café o a comer con ellos. ¡Perdón, pero no! Cuando a mí me lo preguntaron, yo respondí que yo no estoy en venta, que mis ideales no están en venta. Para mí dialogar es negociar, y con el enemigo no se negocia.
¿Entonces cuál va a ser la salida?
Miguel: Pues nosotros lo que estamos planteando desde aquí es la resistencia civil pacífica, la desobediencia civil. No vamos a permitir que nos controle alguien que represente a la represión, ni la imposición de muchas cosas, no solamente de un presidente, sino de un gobierno que nos ha afectado por muchísimos años. Definitivamente negociar no es una opción.
¿Hasta dónde tiene que entender la población que deba llegar la resistencia civil?
Coco: Es un compromiso que cada uno de nosotros tiene que hacer, porque vivimos en un país en donde las instituciones no obedecen al pueblo y en el que todavía no se entiende que el Presidente es un empleado del pueblo. A medida en que toda la población vaya haciendo ese compromiso en el que busquemos alternativas de organización y en el que juntos construyamos un proyecto alternativo de nación, pues se va a dar un verdadero cambio. Nosotros también estamos obedeciendo a una necesidad popular. A través de las asambleas populares se genera este movimiento, que tiene su raíz en el pueblo.
¿Qué tanto están dispuestos a enfrentar o a provocar una situación violenta al intentar impedir la toma de posesión de Peña Nieto? Obviamente podría haber alguna reacción.
Coco: Del riesgo estamos concientes. Sin embargo yo creo que hay otras alternativas que, justamente, son las luchas no violentas. Está ahora circulando mucho el libro de Gene Sharp (La política de la acción no violenta), que recomiendo que lea la población, que habla muy claramente de que el poder de la dictadura recae en ciertos pilares, por ejemplo, el control del pueblo a través de la policía y de los granaderos, y de cómo estos pilares pueden ser evitados por la resistencia civil. En el momento en el que los granaderos comprendan que también son parte del pueblo y que están siendo afectados igual que todos, que se den cuenta que a la mejor a los muchachos que pudieran golpear son familiares o son cercanos, en ese instante puede generarse un cambio. Entonces ese poder de la dictadura se ve debilitado. Todas nuestras acciones van hacia ese rumbo.
Miguel: Sí, definitivamente. ¡Pero pues hasta donde llegue! Mi opinión es que si realmente queremos hacer historia, tenemos que lograrlo de una u otra manera. Las circunstancias de ahora son muy diferentes a las que había en el pasado, con otros movimientos estudiantiles. Las circunstancias del país tampoco se comparan a las de otras naciones y con otras revoluciones contemporáneas que han ocurrido. En cuestión de geografía, nuestro territorio es mucho más grande y es más difícil organizar a la gente que en territorios pequeños, como el de Egipto. Pero nuestra idea y una de las consignas, uno de los ejes, tanto ideológicos como de acción, más fuertes del movimiento, es el pacifismo. No queremos, para nada, llevar esto a un plano en el que forzosamente tengamos que derramar sangre. Yo creo que la revolución puede llegar de una manera muy diferente y eso es lo que buscamos. Por eso es la intención de hacerlo a través de elementos culturales, como el festival que celebraremos este fin de semana en el Monumento a la Revolución, o la intención de hacerlo también manifestándonos en las calles. La gente y la misma policía se han dado cuenta que nosotros no somos violentos. Tampoco ha habido represión, porque nosotros no hemos ni vandalizado ni tenido ningún hecho violento. No hemos agredido a nadie. Simplemente estamos haciendo uso de nuestro derecho de manifestarnos. A la Convención de Atenco (celebrada el sábado de la semana pasada), sabemos que llegaron muchas organizaciones que están en pie de lucha desde hace mucho tiempo.
Hay algunas muy radicales.
Miguel: Claro, hay algunas que son muy radicales, pero no podemos meternos con su autonomía. No somos nadie para reprimirlos en cuanto a la forma en que ellos quieran hacer su lucha, pero, como movimiento estudiantil, como Yo Soy 132, nosotros no tenemos, para nada, la idea de llevar esto de una manera violenta.
Decisión de cada quien
¿No esperan que con algunas de sus acciones se pudiera producir un choque entre mexicanos? ¿Están concientes de que existe una polarización de opiniones?
Coco: Yo me percato de que también la izquierda está dividida y creo que poco a poco se pueden ir creando núcleos de unidad que van a ir obedeciendo a un movimiento que tienen un origen en las necesidades del pueblo. ¿Hasta dónde llega entones la resistencia pacífica? Pues es un recurso que se tiene que agotar.
¿Y después que seguiría? ¿Vamos a un estallido social?
Miguel: Yo creo que eso es algo que no podemos responder tan al aire, porque es algo que se tendría que definir en el momento. Una vez más, recalco que nosotros somos pacíficos y el resultado se ve en que no ha habido un solo incidente. No hay saldo rojo en ninguna de nuestras manifestaciones, en ningún evento del movimiento. Pero, si llega a suceder, habrá un momento para decidirlo, no podemos anticiparnos.
Coco: Pues sí, creo que podría ser una posibilidad. Yo creo que eso lo decide cada uno de nosotros y, cuando menos yo, sí estoy dispuesto a seguir hasta las últimas consecuencias. Sin embargo, creo que sí hay muchas formas que se tienen que agotar antes de tener que llegar a esos extremos. Con una organización adecuada, una movilización civil estratégica y con acciones contundentes, honestamente creo que es posible lograrlo.
