Jair Cortés
El camino inaugurado por Mallarmé en Un golpe de dados (publicado por vez primera en la revista Cosmópolis en 1897) seguido por Apollinaire en Caligramas (1918) y continuado por las Vanguardias artísticas del siglo XX: Futurismo, Dadaísmo, Estridentismo, Surrealimo, hasta su primer “agotamiento” con el Concretismo brasileño, en la década de los cincuenta, transformó la manera en la que la palabra se manifestaba en su espacio visual: la utilización de la página como una zona de exploración escritural, explotación de las posibilidades de la tipografía y los colores, incorporación de tradiciones de otras latitudes, como la oriental, reflejada en Blanco (1966) de Octavio Paz, replanteando así el libro como formato espacial y objeto, continente de palabras pero con características sumadas: textura, diseño, peso, dimensiones. Las Vanguardias alimentaron a la tradición poética, la renovaron, aceitaron sus engranes, de tal modo que podemos ir cómodamente de un soneto a un poema en verso libre y leer sin prejuicios las Églogas de Garcilaso de la Vega o Altazor de Vicente Huidobro.
Por otra parte, la aparición de la computadora y la Internet han dado un giro inusual a la escritura poética: ahora podemos ser no sólo creadores de una obra, sino editores de la misma, gracias a las múltiples herramientas que nos ofrecen diseñar nuestros poemas. De ese manantial proviene el río que desemboca en el libro de poemas No todas las islas, de la poeta Zazil Alaíde Collins, un libro dividido en secciones (“Días”), a manera de una bitácora interrumpida, que busca en la memoria, ligada al mar, una ruta para la reconstrucción del pasado. Los recuerdos, como fragmentos dispersos sobre la playa o flotando cerca de ella, se transfiguran en poemas que son a su vez, piezas de una historia dentro de otra Historia, una visión personal en un contexto mucho más amplio, la mirada y experiencia desde un yo situado en la Baja California Sur de México, esa playa mitad desierto mitad agua que puede leerse con el movimiento ondulatorio propio del mar y proyectado en muchos versos del libro, ya sea de manera horizontal o vertical.
Zazil Alaíde Collins ha superado la “hoja en blanco” con No todas las islas, libro cargado de salinidad poética, de sedimentos de vida, tradición y recuerdos que se abren como ostras, dirigidos por el timón de la memoria.
Zazil Alaíde Collins, No todas las islas (Premio Estatal de Poesía Ciudad de La Paz 2011). Instituto Sudcalifoniano de Cultura-Conaculta, 2012.


