Juan Antonio Rosado
Es indudable el impacto que la Revolución Mexicana produjo en varias generaciones de escritores, desde los porfiristas hasta Carlos Fuentes o Elena Poniatowska, pasando por Agustín Yáñez y otros muchos. La revolución se volvió literatura a partir de 1911, pero no fue hasta mediados de los años veinte, después de que fuera redescubierto Mariano Azuela y Los de abajo, cuando se tomó plena conciencia de su importancia y de su capacidad para engendrar una corriente con múltiples facetas. Cien años han transcurrido desde la gestación de este sistema mítico-literario y aún quedan huecos, inquietudes y una gran cantidad de obras por leer, releer, estudiar o valorar. Por ello, los investigadores españoles Antonio Lorente Medina y Javier de Navascués se entregaron a la tarea de editar una serie de textos que contemplan “aspectos olvidados” o escasamente conocidos de esta narrativa, o de plano, novelas preteridas. El resultado es un volumen revelador: Narrativa de la Revolución Mexicana: realidad histórica y ficción. Para que se realizara este libro, fue fundamental el congreso internacional “Realidad histórica y ficción en la novela de la Revolución Mexicana”, celebrado del 25 al 27 de enero de 2011 bajo el patrocinio de la Universidad Nacional de Educación a Distancia y de la Universidad de Navarra, y en el que participamos escritores e investigadores españoles e hispanoamericanos.
En el primer artículo, Trinidad Barrera reflexiona sobre La majestad caída, de Juan A. Mateos; en el segundo, Adrián Curiel Rivera hace una lectura de La muerte de Artemio Cruz como novela de la Revolución. Luego, Naskari López Franco hurga en las fuentes culturales para interpretar La creación, de Yáñez. La negra Angustias, de Rojas González, es objeto de estudio de Lorente Medina, mientras que Jaime Martínez Martín toma una obra muy poco conocida: En tierra de sangre y broma, de Salvador Quevedo y Zubieta. El historiador Álvaro Matute se concentra en Alfonso Teja Zabre; Javier de Navascués, en Almas rieleras, de Joaquín Munguía Torres; Rocío Oviedo escribe sobre las mujeres de y ante la Revolución; Manuel Prendes, sobre dos escritores porfirianos ante la contienda: Federico Gamboa y López-Portillo y Rojas; por último, yo esbozo, desde una teoría de la Bildungsroman, el futuro análisis de una selección de novelas que se atienen a ese esquema narrativo. Como puede apreciarse, a pesar de los años transcurridos desde que se inició la narrativa de la Revolución Mexicana, aún queda mucho por hacer.
Antonio Lorente Medina y Javier de Navascués
(editores), Narrativa de la Revolución Mexicana:
realidad histórica y ficción.
Editorial Verbum, Madrid, 205 pp.


