Entrevista a Edgar González Ruiz/Periodista e historiador

Antonio Cerda Ardura

Previamente a la reunión de Consejo General del PAN, que se llevará a cabo el 11 de agosto, por órdenes del presidente Felipe Calderón cuatro ex presidentes nacionales de ese partido: Luis H. Alvarez, Germán Martínez, César Nava y Luis Felipe Bravo Mena iniciaron la guerra dentro de ese instituto político para quitarle el control al actual dirigente, Gustavo Madero Muñoz, a quien el jefe del Ejecutivo intenta responsabilizar de la debacle electoral del 1 de julio, fecha en que el blanquiazul perdió no sólo la Presidencia de la República, sino los gobiernos emblemáticos de Jalisco, Morelos y la alcaldía de León, Guanajuato.

Calderón desea que se realice una Asamblea Nacional de refundación del PAN antes de que concluya su periodo como gobernante, el 30 de noviembre, pero los maderistas buscan que el evento sea hasta el año próximo.

Según el proyecto de Calderón, el PAN debe abrirse a la ciudadanía, especialmente a los jóvenes; establecer una nueva forma de elegir a los candidatos, postulando a los mejores y a los que la ciudadanía espera; contar con un nuevo modelo de organización en el que exista sincronía entre dirigencias y ciclos electorales; aplicar sanciones y excluir a quienes con su conducta trastocan la identidad del partido, y promover una forma alterna de administrar el financiamiento público y privado que permita destinar mayores recursos a los procesos electorales.

Antes de abandonar la dirigencia panista, al igual que Calderón, lo que pretende Gustavo Madero, en alianza con El Yunque, es hacerse del control de los 114 diputados federales y 38 nuevos senadores del partido.

Sobre ese tema, Siempre! conversó con Edgar González Ruiz, periodista e investigador sobre la derecha en México y en América Latina, quien asegura que el triunfo del PRI en las elecciones del 1 de julio no se debió al temor de la gente al regreso de este partido al poder, sino a la permanencia del PAN. Es decir, el PAN se derrotó a sí mismo, porque ha sido un enemigo del pueblo y del legado juarista.

Enemigo del pueblo

¿Cuál sería su análisis respecto a la derrota del PAN y los escenarios poselectorales?

En la derrota del PAN y de Josefina Vázquez Mota hay que distinguir dos tipos de factores: los inmediatos o coyunturales, que radican en la pésima actuación de Josefina Vázquez Mota como candidata y en la también mala y cuestionada gestión de Felipe Calderón en la Presidencia de la República, y los elementos más fundamentales, que tienen que ver con lo que es y ha sido el PAN, con su ideología, su trayectoria y sus raíces. Es fácil, por ejemplo, resumir la situación de Josefina: comenzó con errores garrafales, que repitió a lo largo de su campaña e, incluso, en el cierre de la misma, cuando expresó su intención de que, de llegar la Presidencia, nombraría a Calderón nada más ni nada menos que como procurador, para que siga con sus políticas sanguinarias “contra el narco”.

En cuanto al propio Calderón, tampoco es un misterio que llegó a la Presidencia bajo fuertes acusaciones de fraude, que no eran gratuitas, pues el supuesto margen de ventaja que tuvo fue mínimo, además de que él y su partido se negaron a que se hiciera un recuento de los votos. Su periodo como gobernante estuvo marcado por el genocidio y la represión, disfrazadas de “lucha contra el crimen organizado”, a la vez que benefició a grandes intereses económicos, mientras agredía a los sindicatos y a los sectores populares. Por añadidura, en el aspecto ideológico su proyecto fue la destrucción del Estado laico y la subordinación a la jerarquía católica. Eso fue Calderón: una especie de caricatura de George Bush, en la medida y posibilidades del derechista mexicano.

La derrota del PAN fue contundente, no sólo por la campaña de Josefina y por el gobierno de Calderón, sino, ante todo, por lo que ha sido ese partido en el poder: un enemigo del pueblo y del legado juarista.

El electorado del PAN es contrastante, está entre masas de mexicanos que van de la vanguardia al atraso.

Desde luego, dentro y fuera del PAN, hay quienes no aceptan que factores como el ideológico, es decir, el hecho de que el PAN es el único partido confesional que existe hoy en día en México, haya sido decisivo en los comicios. Pero la verdad es que precisamente en la ciudad de México, donde se aprobaron reformas tendientes a ampliar las libertades, como la despenalización del aborto, y para apoyar a los sectores populares, con atención a la educación pública, al transporte, etcétera, el partido que gobierna, que es exactamente lo contrario al PAN, tuvo un amplísimo margen de aceptación, de más del 60 por ciento. Empero, hay todavía unas pocas zonas del país, donde todavía tiene fuerza la ideología panista, como es Guanajuato, precisamente la región que visitó el Papa antes de que dieran inicio las campañas. En contrapartida, en la propia capital de México el apoyo del clero no le sirvió de nada al PAN.

¿Qué tanto debió influir en la elección del 1 de julio la guerra sucia del PAN?

La derrota del PAN fue tan grande que rápidamente Vázquez Mota y hasta Calderón se apresuraron a reconocerla. En ese hecho, me parece que hay que tener en cuenta que la contienda no fue equitativa, pues el PAN tenía el control del gobierno federal, mismo que utilizó, con una insultante obviedad, incluso para perseguir a políticos priístas en la época de las campañas, dentro de la lógica de desacreditar al PRI como opción electoral. Los panistas sabían que no jugaron limpio y que, aun así, sufrieron una debacle mucho mayor de lo que indican las cifras de las votaciones, pues a los votos que recibió Josefina habría que restar todos aquellos derivados del poder y la influencia que tiene el PAN por ser el partido que gobierna, que controla el presupuesto y el empleo en el sector público. Cabe preguntarse que si Vázquez Mota no perteneciera al partido gobernante, ¿cuántos votos habría obtenido? ¿Habría logrado superar a Gabriel Quadri, que fue mejor candidato que ella?

Pero, en suma, el 1 de julio fue clarísimo el rechazo del pueblo hacia el PAN, no hacia el PRI. Es decir, fue, ante todo, un voto contra la derecha y que expresó la esperanza popular de tener un gobierno más hacia la izquierda, más justo y progresista; fue una confirmación de la frase juarista: “el triunfo de la reacción es moralmente imposible”.

Aun así, vendrían las complicaciones para el ganador.

Sin embargo, la situación poselectoral se complicó porque Andrés Manuel López Obrador, que ha mantenido un movimiento social bastante vigoroso, se inconformó y con ello, quizás como una consecuencia indeseada, vino en alguna medida a salvar al PAN de pagar el costo político que debería por los deplorables dos sexenios que ha estado en el poder. Es legítimo que un candidato como López Obrador defienda su posibilidad de llegar al poder, lo que me parece indeseable es que en ese afán pudiera estarle haciendo un favor a Calderón, distrayendo a la gente con un movimiento anti-Peña Nieto, pues en realidad, independientemente de las aspiraciones presidenciales de Andrés Manuel López Obrador, hay que tener en cuenta que el PAN, el partido plutocrático y clerical, representa la peor opción para el país. Como indicó la votación, a la gente no le asusta el regreso del PRI al poder, sino la permanencia del PAN en el mismo. Por otro lado, López Obrador debería recordar que Juárez nunca cayó en la actitud de conciliarse con la reacción con tal de acceder al poder, ni debería abandonar una posición crítica hacia la derecha. Desafortunadamente, el pragmatismo de sectores del PRD los ha llevado en el pasado reciente hasta a propiciar, mediante alianzas, la llegada del PAN a gubernaturas como la de Puebla; es decir, a poner sus ambiciones personales por encima del bienestar de la nación.

Al margen de lo que suceda en este escenario poselectoral, creo que también hay una lección para el PRI: que no debe empanizarse, no debe tratar de parecerse a la derecha, y por el contrario, debería volver a sus orígenes y a su historia, que incluyó aspectos como la promoción de la educación popular, del bienestar social y la defensa del Estado laico. Hay incertidumbre sobre lo que puede significar la llegada del PRI actual al poder, pero es claro el mensaje de las urnas: no debe ser una continuación de los gobiernos panistas, sino representar una alternativa de justicia y de progreso.

 

Justificaciones absurdas

¿Qué le dice la supuesta refundación del PAN?

Ante su derrota electoral, se habla de una “refundación” del PAN, y algunos panistas han sugerido distintos sentidos del término. Hay quienes, al parecer, siguen empeñados en tapar el sol con un dedo y achacan la derrota a factores domésticos dentro del partido, entre ellos, la claudicación de personajes como Vicente Fox y Manuel Espino, o  los procesos de selección de candidatos, etcétera. Esas justificaciones son absurdas, si así fuera, el PRD, que ha tenido también conflictos internos muy fuertes, no habría avanzado hasta el segundo lugar en las votaciones.

Aun cuando pueda haber algunos panistas que acepten una refundación ideológica, es decir, quitarle a su partido el carácter confesional, que siempre lo ha definido, cabe preguntarse: ¿quiénes la van a llevar a cabo, los personajes vinculados al clero y a los empresarios, que predominan en ese partido? ¿No sigue siendo el partido de Luis Felipe Bravo Mena, de Diego Fernández de Cevallos, de Luis H. Alvarez, de José Luis Luege, de Federico Döring, de Francisco Ramírez Acuña, de Emilio González Márquez, de Ana Teresa Aranda, de Carlos Medina Plascencia; del otro ex gobernador de Guanajuato, Juan Manuel Oliva, del propio Calderón y de toda su parentela, etcétera? ¿No es el partido donde floreció El Yunque y donde siempre han encontrado apoyo los grupos conservadores católicos? ¿Ahora van a cambiar tanto que van a convertirse, de verdad, en partidarios de la educación pública, de las libertades individuales, del estado laico, del bienestar social? ¿Dónde están los panistas que pudieran transformar profundamente a su partido? ¿Va a dejar de existir el típico político panista que llega al poder con la urgencia de encarcelar a las mujeres que abortan, darle dinero del erario al clero y, desde luego, sacar provecho él mismo?

Previsiblemente, si el PAN no deja de ser lo que ha sido desde que se fundó en 1939, va a verse confinado a Guanajuato, donde todavía, por algún tiempo, mientras no avancen regionalmente los procesos de secularización, puede tener fuerza el catolicismo militante.

¿Cual será la posición del PAN en la toma de posesión?

En términos más inmediatos, la actitud que tomarán los panistas en la toma de posesión de Enrique Peña Nieto va a depender de lo que pase con el movimiento de inconformidad de López Obrador, pues, por lo que se ve, Calderón y el PAN han encontrado un insólito abrigo en el antipriismo y en la oposición de la izquierda al candidato priista. Por sí mismo, el PAN no tiene, y en realidad nunca ha tenido arraigo popular y base social; su poder de convocatoria dependía del clero, pero éste ya ha perdido también gran parte de su credibilidad ante la sociedad.

Entonces, no le pinta bien el panorama al PAN.

El futuro no parece promisorio para el PAN, en virtud de otros fenómenos como el auge de la Internet y de las redes sociales, que se han contrapuesto a la influencia, antes abrumadora, de la televisión, que por naturaleza sirve a quien tiene el poder y está vinculada a sectores muy conservadores del empresariado. En suma, la única posibilidad que el PAN tiene de sobrellevar su derrota es que la izquierda, con el afán de oponerse al PRI, le abriera una salida, lo cual sería muy lamentable.