Nada lo detiene
La calumnia es un vientecillo…
El Barbero de Sevilla, Gioacchino Rossini
Carlos Jiménez Macías
El invento se atribuye a Goebbels, el gran hacedor de la maquinaria propagandística nazi, aunque intuitivamente la han practicado todos los usurpadores del poder… o los que sueñan con apoderarse de él. Bien saben los aspirantes que entre más grande sea la mentira o entre más se repita, más gente terminará por creerla y puede convertirse en una verdad. Calumnia, calumnia, que algo quedará, dicen que dicen…
Esto lo viene haciendo, hasta ahora sin éxito, Andrés Manuel López Obrador. Dos veces perdió la candidatura al gobierno de Tabasco y las dos veces alegó fraude. Sólo ha habido, según él, una elección limpia: cuando ganó la jefatura de Gobierno del Distrito Federal, sin que ningún partido contendiente se opusiera a los resultados —tal vez ya olvidó el escándalo generado por su imposición como candidato entre los propios perredistas al no cumplir con el requisito de residencia en el Distrito Federal, entre otras joyas de este personaje—. Según él, ahí no hubo andanzas financieras, marchantes de sufragios o mapaches embozados. Pero vino la debacle de 2006 y, víctima de otro compló, fue a buscar en las páginas recónditas de diccionarios viejos la palabreja espurio, que le endilgó a su rival vencedor en la justa cívica, él, tan limpio.
Ahora inventa que hubo fraude, cuando perdió con una clara ventaja de más de tres millones de sufragios. Insiste en que hubo dolo aludiendo a la compra de cinco millones de votos. Sea. Nomás que así fueran solo cinco o, como él pretende, cinco millones de votos, primero tendría que demostrar: qué formula mágica ocupó para llegar a esa cifra redonda; en caso de existir, en qué se basa para afirmar que todos esos votos serían para él; como investigó a quiénes les fue comprada la voluntad ciudadana; cómo estableció el vínculo entre la recepción del dinero con el voto depositado en las urnas. (¡Nombres, nombres…!) Uno por uno habrá que demostrarlo. Si no lo hace, quedará como un vil mentiroso o un charlatán de aldea. Sin embargo, al final no creo que le interese mucho hacerlo; bien dicen que hay gente que sólo quiere ver arder el mundo.
Lo cierto es que él no tiene el menor empacho en manejar, de esa manera tan irresponsable, esas cantidades, sin ninguna metodología, sin ningún sustento y sin instituciones que siquiera puedan hacerle caso, pues los tiempos para ello han fenecido. El famoso Peje habló primero de un millón de votos que se quintuplicó de la noche a la mañana. Porque la mentira es lo propio de López Obrador.
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