¿Otro Siervo de la Nación?

Raúl Cremoux

Sus antecedentes en Tabasco, dos veces derrotado y otra ocasión en 2006, nos tenían a todos preparados ante su previsible derrota. Es difícil que alguien se diga sorprendido.

Quizás la sorpresa, si la hay, consista en indicar que la irregularidad no está en toda la elección sino solamente en lo que concierne al voto presidencial.

Todos los votantes teníamos frente a nosotros diversas boletas en donde podíamos registrar nuestras preferencias para diputados federales, alcaldes en su caso, senadores, gobernadores en algunos estados, jefe de gobierno en el Distrito Federal y asambleístas o diputados defeños. Teníamos mucho que analizar, ponderar  y votar. ¿Cómo se torcería la voluntad popular en el caso presidencial dejando en libertad de hacerlo con todas las otras opciones? ¿No hubiera sido más eficiente cambiar y trastocar la voluntad ciudadana en el caso de los diputados federales? De ese modo se controlaría el Congreso al darle mayoría absoluta a un partido, en este caso supuestamente corruptor al PRI.

Tampoco hubiera estado mal planeado “comprar los votos” para controlar o tener mayoría en el Senado. Al menos una Cámara legislativa. Pero no, la torcedura de la voluntad de los votantes, se centró únicamente en la presidencial. Si eso fuera cierto y evidente, los diputados, alcaldes, senadores y los gobernadores de Tabasco, Morelos y el Distrito Federal, pertenecientes al PRD, en un rasgo solidario ante la evidencia del fraude, ya hubieran rechazado sus cargos y se hubieran sumado a la impugnación.

¿Cómo demostrar que cinco millones de mexicanos querían votar por otra opción y fueron llevados a traicionarse a sí mismos, a vender su conciencia?

Como nada de lo anterior ancla en la razón, Andrés Manuel López Obrador zarandea la cabeza hasta llevarlo a solicitar una presidencia interina, una especie de nueva elección que no reconozca que Enrique Peña Nieto tiene más de 18 millones de votos ciudadanos. Si eso no pega, pues nada mejor que compararse con Juárez o Morelos. Los próceres sufrieron y hasta el suplicio llegaron en el caso del Siervo de la Nación. La exageración no tiene parangón y nos habla de una autoexaltación delirante.

¿Quién puede pensar que un individuo así pueda gobernar nuestro país?

cremouxra@hotmail.com