Ricardo Muñoz Munguía 
(Primera de dos partes)

Dentro de los colores están los símbolos o señales que marcan ya sea una personalidad o una figura o un escenario que ha quedado atrás o, también, próximo… En los colores cabe todo, y en esa tarea se centra el volumen que hoy comentamos. De ahí el exacto tino para titular su libro. Cristina Rivera-Garza, autora de Nadie me verá llorar, La cresta de Ilión y Los textos del yo, entre otros libros, atiende el color en su hondo sentido en el volumen que por nombre completo lleva El disco de Newton. Diez ensayos sobre el color. El disco de Newton abre con el apartado Despejar, que desde el título se señala el rumbo en cada uno de ellos. En el color blanco caben todos los colores, menciona la autora que “A través del disco de Newton, un viejo ejercicio escolar, los niños aprenden que el blanco resulta de la rápida combinación de todos los colores”, así, volteamos hacia el muro, los sueños, al inicio; “El blanco, como se sabe, no es la ausencia de color”. Conjurar, segundo apartado, se combinan el rojo —que es sangre y que la autora mete en desafío a niños— con el verde, en el que malezas, árboles, jardines y estatuas abandonadas se funden en un mismo tono; “Suele haber, en los sueños de cien años, algo humano y maléfico algo de un verde con mucho cobalto, algo de un rojo todavía roto y espeso”. El tercero, Mercuriar, concentra el gris que es agua inclemente bajo los pasos de los niños o mano que agota al que será ahogado. Adorar, el cuarto, es el dorado, es la fe de “adorar”, es oro, es memoria y sacrificio de la fe; “En esta caja de mercurio que pongo en tus manos hay relámpagos y granizo y escarcha y trueno s y dientes anodinos”. Avizorar, quinta parte, despliega el morado, testimonio de las moras, del vino, de la flor; “Hay encuestas que indican que el morado es el color preferido del 75 por ciento de los niños antes de la adolescencia, pues representa la magia y el misterio”. De los apartados restantes de este libro luminoso nos ocuparemos en la siguiente entrega.