Reconstruir presencia capitalina

René Avilés Fabila

Las pasadas elecciones dieron multitud de lecciones. El triunfo del PRI fue más propiciado por los errores de sus enemigos que por sus aciertos. Como señaló en repetidas ocasiones Manlio Fabio Beltrones, tenía un buen candidato y eso facilitó las cosas. Del otro lado, el PAN contaba con una candidata lamentable y con un PRD mañoso que supo ponerle trampas al priista y en las que cayó la mayoría de las veces. Un caso evidente fue la invitación a la Universidad Iberoamericana, una institución poblada de ricos hijos de funcionarios ligados a Andrés Manuel López Obrador. Finalmente, el priista superó los timos de Andrés Manuel. Pero lo más desconcertante fue el total descuido del Distrito Federal, donde el PRD arrasó con más del 50 por ciento de los votos.

En principio es inexplicable porque el PRI debió poner atención en el Distrito Federal. Los optimistas esperaban con la presencia de Beatriz Paredes, alrededor de millón y medio de votos, se quedaron en unos 800 mil. La inmensa masa de sufragios capitalinos se fue a “las izquierdas” y al PAN. Sumados y añadidas las abstenciones, el PRI es una minoría. Lo grave es que hablamos de la capital de un país centralista, de una ciudad donde residen los poderes, donde no hay otra de esa dimensión, donde están las mejores escuelas y los medios de comunicación de más peso, donde se hace la política nacional y ahora el punto donde salen los candidatos perredistas intentando obtener la Presidencia de México. ¿Por qué olvidar el Distrito Federal, tan densamente poblado y con altos índices de politización? ¿Para qué apoyar una candidatura inadecuada, dinosáurica, y que apenas llevó a cabo algún trabajo mínimo? Enrique Peña Nieto, si su partido se preocupa por la capital de la república, pudo evitarse los problemas que ahora tiene. Es aquí donde salen las disposiciones y los grupos de enemigos que tratan de entorpecerle la existencia en tanto presidente.

Pero ya las cosas sucedieron. ¿Qué harán ahora los priistas? Tienen por un lado Los Pinos, por el otro una capital enorme y poderosa, poblada por sus mayores críticos. No hay duda de que Mancera hará un buen trabajo y que evitará las confrontaciones con el titular del Ejecutivo. Pero carece de control sobre las tribus más adversas al PRI y sobre la estructura armada por el perredismo para que López Obrador pueda llevar a cabo un acoso constante a Peña Nieto. ¿Cómo lo evitará si no lleva a cabo ningún trabajo en el punto clave, emblemático del país?

Si quieren que Peña Nieto lleve a cabo un buen gobierno, los priistas deben rápidamente ponerse a trabajar para reconstruir el partido capitalino. Deben centrarse en el Distrito Federal, rehacerlo, trabajar seriamente, destinarle el esfuerzo de nuevos personajes y líderes naturales.

De lo contrario, el nuevo mandatario estará permanentemente acosado por sus enemigos capitalinos, sin duda los más osados y leales a López Obrador. No será sino trabajando con las bases y con nuevos dirigentes. El PRI debe reconstruir su presencia capitalina y crear una seria y poderosa estructura que no sólo le permita a Peña Nieto moverse sin acosos, sino que dentro de seis años pueda recuperar la ciudad capital, el eje de la vida política nacional.

 

www.reneavilesfabila.com.mx

www.recordanzas.blogspot.com