Don Manuel Calvo Hernando (1923-2012)
René Anaya
Tan acostumbrados estábamos a sus trabajos sobre periodismo científico, a sus palabras de aliento y generosidad y a sus esfuerzos por coadyuvar a la creación de asociaciones de periodismo científico en los países latinoamericanos, que parecía que siempre estaría con nosotros.
Pero no fue así, el doctor en periodismo científico Manuel Calvo Hernando falleció el pasado 16 de agosto, después de más de 40 años de ejercer el periodismo científico no solamente en su país de origen, España, sino también en Latinoamérica, ya que sus trabajos también fueron publicados o difundidos en países de esta región, incluido México.
Un demócrata de la cultura
Manuel Calvo Hernando se inició tardíamente en el periodismo científico, a los 42 años de edad, según lo confesaba el propio periodista, pero en realidad su contribución a la especialidad de este oficio siempre fue fresca, espontánea, original y, sobre todo, muy valiosa.
En 1969, en unión del venezolano Arístides Bastidas, fundó la Asociación Iberoamericana de Periodismo Científico, dos años más tarde, en 1971 creó la Asociación Española de Periodismo Científico, que actualmente es la Asociación Española de Comunicación Científica.
Su esfuerzo por promover el periodismo científico en la región, lo llevaron a invertir mucho de su tiempo y economía en la organización de congresos iberoamericanos de la especialidad. En 1974 organizó el primero, con su entrañable compañero y amigo Bastidas, en Caracas; dos años después se realizó el segundo en Madrid.
Su empeño y dedicación se extendieron a todos los lugares, inclusive a los que no tenían en ese momento un periodismo científico importante, como México, tal vez porque consideraba que era relativamente sencillo promover ese periodismo en países que ya iban encaminados y que lo realmente importante era hacerlo en regiones donde no había ese impulso. Lo cierto es que en 1979 organizó en México el III Congreso Iberoamericano de Periodismo Científico, con apoyo de la UNAM y por conducto de una agrupación ya extinta, la Asociación Mexicana de Periodismo Científico (Ampeci), que con más entusiasmo que conocimientos en la materia, intentaba ocupar un lugar en el periodismo, aunque la mayoría de sus miembros no se dedicaran a ese oficio.
Aún así, Manuel Calvo Hernando siempre sumó su esfuerzo y dedicación a toda empresa que persiguiera la conformación de núcleos de personas interesadas en divulgar la ciencia y la tecnología, sin que le importaran los intereses creados o ideologías presentes, pues para él lo más importante era conseguir que en cada país existieran personas interesadas en “poner al servicio de la mayoría los conocimientos de la minoría, y acercar al pueblo al trabajo de los científicos, en un ejemplo de las más difícil y exigente democracia, la de la cultura”, como afirmaba el decano del periodismo científico español.
Un hombre de efectos y de afectos
Ese continuo picar piedra o tecla, poco a poco fue dando resultados en toda la región iberoamericana, donde pudo ver los efectos de su noble, generosa y desinteresada labor, pues el trabajo de Calvo, Bastidas y otros periodistas científicos, como el brasileño Julio Abramczyk, fue fructificando en congresos, cursos y talleres de la materia en países como Colombia, Ecuador y Venezuela.
En México, fue uno de los promotores del periodismo científico de la segunda mitad del siglo pasado, pues al margen de la Ampeci supo acercarse a divulgadores y periodistas de la ciencia, gracias a sus conocimientos y experiencias que, aunados a su nobleza y generosidad, propiciaron que creara un grupo de amigos y colegas que admiraron, reconocieron y difundieron sus planteamientos sobre el periodismo científico.
El propio Manuel Calvo afirmaba: “A lo largo de mi vida profesional, y especialmente desde que me inicié en el periodismo científico, he tratado de compartir mi experiencia y la de los autores que manejaba, y también la de amigos y compañeros en coloquios y conversaciones, para tratar de equilibrar esa imposición de formación autodidacta que suele caracterizar a las disciplinas más jóvenes”.
Efectivamente, lo que caracterizaba a Manuel Calvo era ese constante compartir y repartir generosamente sus conocimientos con toda persona que se le acercaba, su experiencia la ponía al servicio de la comunicación de la ciencia. En México impartió numerosas conferencias, participó en talleres y se publicaron sus libros en la UNAM y el Politécnico. Asimismo, dio su apoyo a todos los esfuerzos por profesionalizar el oficio, así lo hizo con el proyecto, ahora lamentablemente ya truncado, del diplomado de periodismo científico que organizó la Universidad del Claustro de Sor Juana.
Fue un hombre de grandes efectos y mucho más grandes afectos, que deja un gran hueco en el periodismo científico y que merece que la comunidad de divulgadores y periodistas de la ciencia de México, le brinde un homenaje, como reconocimiento público por sus méritos y contribuciones.
reneanayas@yahoo.com.mx
