Alexander Serikov
Apenas se calmó un poco el escándalo provocado por el grupo de punk-rock feminista ruso Pussy Riot cuando otro grupo, también de mujeres, cometió otro acto de vandalismo contra la creencia religiosa. Esta vez se trata del grupo Femen de Ucrania fundado en 2008. En aquel entonces sus integrantes se hicieron conocidas por su manera de aparecer en público “topless” protestando contra todo lo que les parecía incorrecto: contra el turismo sexual bajo el slogan de que Ucrania no es prostíbulo, contra las agencias de matrimonio internacionales, contra las represiones políticas en Bielorrusia y también contra las instituciones religiosas, entre otras cosas.
Las integrantes de Femen dicen que quieren sacudir con sus manifestaciones de protesta a las mujeres ucranianas, hacerlas tomar parte activa en la vida social de su país. Quieren organizar en 2017 la revolución de las mujeres. Aseguran que manifestarse “topless” es la única manera de ser vistas y escuchadas por sus compatriotas.
Uno de los últimos actos de este grupo fue la súbita aparición en julio de este año de unas de sus integrantes en la pista de aterrizaje del aeropuerto Boríspol de la capital ucraniana Kiev, cuando llegó el jefe de la Iglesia Ortodoxa Rusa, Kirill. La integrante del grupo, Yana Zhdánova, con el pecho desnudo se aproximó a Kirill con gritos ofensivos y blasfemos de protesta contra la supuesta actividad de este sacerdote que, según Femen, amenaza a Ucrania con su desintegración y la guerra civil. La agresora fue detenida y condenada a 15 días de reclusión.
Las mujeres de Femen disponen de suficientes recursos para viajar a diferentes ciudades para organizar allá sus “conciertos”.
Y aunque la líder del grupo, Anna Gutsol, asegura que ellas no tienen patrocinadores, no niega que de vez en cuando reciben dinero de varias personas. Entre ellas figura el millonario norteamericano de nombre Fed Cunden, propietario de la empresa de comunicación KP Media, que vive en Ucrania.
Cuando el tribunal ruso condenó el pasado 17 de agosto a dos años de prisión a las tres integrantes del grupo Pussy Riot por la profanación del altar mayor de la Catedral de Cristo Salvador en Moscú, la activista de Femen, Inna Shevchenko, derrumbó con un serrucho la Cruz de madera que había sido instalada en el centro de Kiev a finales del año 2004 en memoria de las víctimas de las represiones cometidas en los tiempos de Stalin y como símbolo de la lucha por la democracia.
Las integrantes de Femen decidieron expresar de esta manera su solidaridad con Pussy Riot, aunque María Aliójina una de las integrantes de este grupo dijo que el acto de las ucranianas no le había inspirado un sentimiento de solidaridad.
Las ucranianas, que prometieron derrumbar varias cruces en Rusia, sirvieron de mal ejemplo para gentuza sin principios morales ni respeto a muchísimos creyentes: los malhechores serrucharon la Cruz de la Reverencia en la ciudad de Arjángel en el norte de Rusia y las tres cruces instaladas en la ciudad de Cheliábinsk en los montes Urales. Los jerarcas de la Iglesia Ortodoxa Rusa pidieron un castigo para estos malhechores. Ahora las autoridades rusas tienen que pronunciarse al respecto.
