Ricardo Muñoz Munguía
(Segunda y última parte)

Una historia amorosa es de los mejores clavos para sostener un drama. Francisco J. Cortina apuntala bien al mostrar una pareja que habrá de vivir su difícil encierro a través del amor, ¡el que arranca de cero!, pues desde el primer cruce de palabras serán aprehendidos y, de ahí, conocerse, apoyarse, defenderse, amarse… Francisco J. Cortina es abogado, mas su labor de escritor se ha dejado ver desde sus trece años, cuando gana en España un premio literario en el género de ensayo, además de ser colaborador en diversos periódicos. Y es precisamente la profesión de J. Cortina la que prevalece a lo largo de las páginas de su novela La chica IBM. Historias de un secuestro. El teje y maneje de ministerios públicos, el trato con algunos policías, sobre el aparato de justicia en sí, es a quienes les quita la camisa Francisco J. Cortina y, también, expone la conducta de algunos delincuentes. Quizá los juicios de valor sobre personajes salgan sobrando, como el caso de Manuel Sanabria, quien se viste “de hechura barata”, de un físico sin “simetría” y que obtuvo una licenciatura “en poco tiempo y menor esfuerzo” —como si eso fuera determinante para una actitud deplorable—, quien es parte del departamento de sistemas de la Policía Federal, de donde arranca información para venderla a los secuestradores. Así también a través de las escasas imágenes de la Ciudad de México. Diversas historias corren en paralelo de otros personajes que valen la pena seguirlas, como la del jefe de los secuestradores y su hermano, de quienes se dibuja una infancia azarosa y que los enfrentamientos con la vida los llevan a delinquir. El jefe, un tipo reservado, habrá de tener una hija —que también se ha quedado sin la mamá, y que nació ciega—, la que encuentra sin revelarle nunca su identidad, y así la podrá visitar durante varios años en la fonda donde el principal secuestrador justifica sus visitas por las estupendas tostadas que ahí venden. Mas la vida del amor le seguirá dando la espalda.

La chica IBM retrata a un par de jóvenes que son secuestrados por accidente, pues los que realmente estaban en la mira se van sin siquiera darse cuenta de ello. Los secuestrados apenas se conocen porque visitan el mismo gimnasio y en un bar el hombre se atreve a hablarle a la que será la “chica IBM” pero ésta decide irse ya, por lo que el hombre la alcanza y la convence de acompañarla a su carro, donde son aprehendidos. De ahí, a manera de película, se darán todas las escenas esperadas de un secuestro pero no podemos dejar de mencionar que lo que adelgaza la historia es “el ya merito”: unos lengüetazos que le dan a la libertad los secuestradores, el balazo que a uno de los buenos sólo habrá de rozarle, la decisión de éste de otorgar la libertad a uno de los captores tan sólo por verlo muy vulnerable… Sin embargo, sabemos que estamos frente a un narrador de excelente factura que si bien conoce las técnicas para aprehender al lector, también deberá limpiar escenas débiles.