Entrevista a Ricardo Muñoz Munguía/Autor de Melodías del suplicio

Eve Gil

 

Busqué en toda mi vida/ una frase para mi epitafio/

que me definiera como escritor,/ pero sólo encontré fantasmas dictándome.

 

Melodías del suplicio, el más reciente libro del poeta Ricardo Muñoz Munguía (Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Col. Alejandro Meneses, 2011) denota una evolución notable en su técnica y una acentuada obsesión por la muerte que, si bien se había advertido ya en sus trabajos previos, aquí adquiere un relevancia tras la que se oculta una conmovedora historia personal que el autor comparte generosamente con nosotros.

“Escribo poesía —dice— para ahuyentar mi miedo a la muerte, porque a la muerte sólo se le puede mantener a raya, habituarse a ella, resignarse, pero ahí está. No es un tema que yo haya elegido. Ha sido ideal para desarrollar algunas ideas y construir imágenes, pero el tema de la muerte me permea por muchos sentidos, desde hace tiempo.”

Pavor

En su libro anterior, Amanterio, Ricardo se dirige a su padre: “Se trata de un novenario, un poema fragmentado en nueve partes. Uno se deja arrastrar por la atmósfera que circunda un determinado estado de ánimo, provocado por una situación: la pérdida o la posibilidad de la misma en este caso. He tratado de construir a partir del dolor para dejar una idea, quizá poética, de lo temible y terrible que puede ser la muerte.”

“A la muerte le tengo pavor —declara el poeta remarcando la última r, con genuino estremecimiento— pero no tanto a la propia. Es un tema que me atañe de manera muy cercana y me lo he querido sacudir de muchas maneras, y a veces parece imposible lograrlo. Viendo fotos de mi hijo, llegué a advertir una especie de calavera. Se la envié a una amiga que lee el entorno y esas cosas, y me dijo que en efecto, ella veía lo mismo, pero que no la interpretara como muerte, sino como un cambio de ciclo.”

“La muerte —continúa, con las manos juntas— me ha hecho estremecer con caricias sutiles y un pequeño aliento, como cuando no hace mucho tuve que llevar a mi hija Paola al hospital, con una temperatura altísima, y me dijeron que podía ser leucemia. Fueron cuatro días con sus noches donde el doctor Fernando Cerecedo me mantuvo con zozobra y dolor. Por fortuna los resultados de médula ósea fueron negativos, pero esas cuatro noches no me las quito de encima. Sueño, me levanto, reviso que la niña esté bien, sufro pesadillas constantes. Una afectación inenarrable, y sin embargo, hay imágenes que me incitan a recapitular. La poesía, para mí, es mi único escudo contra la muerte. Mi forma de proteger a mis seres queridos, homenajeándola con la palabra. Quiero estar en paz con ella.”

“…Princesa muerte ebria”, la nombra Ricardo en uno de sus poemas.

Una taza de café y tareas

Melodías del suplicio remite a los poetas románticos ingleses de principios del siglo XIX, asimismo obsesionados con la muerte y lo paranormal. “Sombras cortándose las venas”, me hace pensar en Wordsworth, por ejemplo. Las atmósferas son densas, oscuras… ¿por qué no?: góticas.

Ricardo, sin embargo, no los cita entre sus influencias literarias: “Sí, me he acercado a los poetas decimonónicos, aunque hay algunas novelas me han marcado mucho como Escoria, de Isaac Bashevis Singer. La muerte es la que da la definición a toda la trama.”

Este nuevo libro de Ricardo abre con una sección titulada “Sacrilegio de cicatrices”, donde se leen una serie de epitafios. Pregunto al autor si considera al epitafio un subgénero poético.

“Me atrae mucho —responde—. En la vida de cada ser tiene su debida importancia, y sin embargo siempre queda de lado. Por ello es que decidí hacer una serie de esbozos poéticos a manera de epitafios. No me los inspiró nadie en particular, son personajes imaginarios.”

Regresando al tema de su evolución poética, Ricardo deja claro que se ha tomado muy en serio el quehacer poético: “La lectura evidentemente te da muchos parámetros de perfección para tu trabajo. Tengo amigos con los que de algún modo nos tallereamos. Nos reunimos determinados días para tomar una taza de café y revisarnos nuestros respectivos poemas, incluso nos ponemos tareas.”

Para finalizar, el autor menciona que tiene terminadísimo otro libro de poesía que fusiona la muerte con la marginalidad social, así como un libro de relatos.

“También —concluye— me gusta mucho el cuento y tengo otro libro en este género ya muy definido que espero proponer pronto y superar mi timidez al respecto. La verdad, desearía abandonar el tema de la muerte, sobre todo la muerte ajena que es una sombra de la que difícilmente podemos desprendernos.”

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