El discurso de López Obrador

René Avilés Fabila

No deja de sorprenderme que la agenda nacional sea dictada por una sola persona: Andrés Manuel López Obrador. Desde que sufrió una notoria derrota a manos del PRI de Enrique Peña Nieto, no ha dejado de agitar las aguas de un país en extremo sensible a los dictados de los caudillos. A la coalición que lo postuló, encabezada por el PRD, le consta que fueron derrotados. Hace una semana el presidente del partido del sol azteca dijo con toda claridad que habían perdido la elección y que en consecuencia era indispensable tomar las medidas adecuadas para mantenerse como una fuerza competitiva. Sin embargo, otro es el discurso de López Obrador.

Desde el día de las elecciones no ha cesado de agitar las aguas, una y otra vez se dice víctima de un nuevo fraude y afirma que ha sido despojado. Ya no habla de plantones ni de autonombrarse presidente legítimo, le queda claro que eso tuvo un alto costo para esta segunda elección. Ahora dice buscar en la vía legal la anulación de los comicios. No hay realmente pruebas serias que confirmen sus palabras agresivas, de doble discurso.

Mientras Andrés Manuel busca en los tribunales nacionales e internacionales manchar más y más un costoso proceso electoral, afirmando inequidades, fraude, compra de votos y toda clase de acusaciones contra el PRI, con poca discreción azuza a quienes salen cotidianamente a las calles a realizar plantones, marchas, manifestaciones de toda clase en favor de la anulación de sólo una mitad del proceso electoral: el que le hizo perder la presidencia al caudillo tabasqueño. Lo demás está bien porque ganaron los perredistas en Tabasco, Morelos y en la ciudad de México. Aquí no hay ilegalidades, todo fue correcto, limpio y transparente.

   Los días que vienen serán decisivos para la naciente democracia mexicana y lo serán porque el PAN, rencoroso, no sabe qué decisión tomar: un día Felipe Calderón reconoce a Peña Nieto, pero al día siguiente su mejor epígono, Gustavo Madero, dice que el PRI compró votos y se suma a las protestas del PRD. Ello significa que no serán años fáciles y que el nuevo gobierno requerirá mucha habilidad y talento para esquivar todos los golpes que le tiren sus enemigos que realmente no son pocos y sobre todo decididos. Todos los del movimiento Yo Soy 132, los de Atenco y los sindicatos charros progresistas están organizados y convencidos de que el PRI gastó las ganancias de Televisa y Soriana para comprar votos a granel. De otro modo, López Obrador hubiera arrasado en las urnas.

La verdad es que tanto los medios como amplios sectores de la población que incluyen a empresarios de muy alto nivel han apoyado con entusiasmo al candidato de las imaginarias izquierdas.

En contubernios sucios, industriales y hombres de mucho dinero han refaccionado a López Obrador. No sólo durante la campaña presidencial, sino en este combate poselectoral que no va a cesar nunca, porque en efecto, a través de las redes sociales, una mentira repetida miles y miles de veces, como anticiparon los nazis, se convierte en verdad.

El PRD tiene una doble necesidad: le urgen los votos que Obrador le atrae, pero por el otro sabe que es un simple instrumento para el líder tabasqueño, que no tiene más interés en el partido fundado por Cuauhtémoc Cárdenas.

En lo sucesivo se apoyará en Morena, el PT, lo que fuera Convergencia y en los movimientos sociales que han venido surgiendo a causa de la descomposición social de México y que encuentran en la voz del amo una razón para manifestar su malestar.

Que Andrés Manuel no ganó es un hecho, pero tuvo la habilidad perversa de ensuciar por segunda vez un proceso electoral y eso para sus seguidores es la pura neta. Es impresionante el daño que el rencor de López Obrador le ha hecho a México. Ahora enfrenta un nuevo problema: la empresa Soriana no está dispuesta a ser agredida por sus huestes y el PRI exige que abra sus cuentas y explique el dinero que ha utilizado a raudales para manipular elecciones y desprestigiar instituciones.

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