México, campo de batalla para Andrés Manuel
René Avilés Fabila
La batalla por la Presidencia de México está lejos de llegar a su fin. Andrés Manuel López Obrador y sus seguidores están convencidos de que nuevamente fueron víctimas de un colosal fraude y para probarlo, aparte de esparcir rumores en las redes sociales, tan sensibles a las mentiras y exageraciones, a la ausencia de datos duros, entregan al Tribunal Federal Electoral cajas llenas de simplezas como lo han demostrado ya varios medios de comunicación serios. Por añadidura ya los partidarios más radicales de Andrés Manuel han salido una y otra vez a la calle, han cerrado simbólicamente Televisa y amenazan con seguir haciendo movimientos cada vez más agresivos si las autoridades electorales no desconocen el proceso electoral pasado. Pero ojo, sólo la parte que atañe a la presidencia, los triunfos del PRD en Tabasco, Morelos y en el Distrito Federal, fueron de una completa limpieza, en consecuencia, carecen de problemas. Son legales.
No hay duda de que la legalidad no le asiste al PRD ni a López Obrador, pero el problema no es jurídico sino político. Obrador sabe que no habrá tercera vez, que es ahora o nunca y, rodeado de sus más aguerridos admiradores, se apresta a dar la batalla final. De no lograr sus objetivos, no le quedará más remedio que imitar sus pasadas acciones, ahora ya sin plantones. Intentarán por todos los medios a su alcance hacerle la vida imposible a Enrique Peña Nieto. Por ahora no sólo mueven piezas de una aparente legalidad, envían protestas a organismos internacionales y cartas a los distintos países que ya han reconocido el triunfo del PRI. Si todo esto falla como es de imaginar, quedará un tipo de violencia más o menos disfrazado donde los jóvenes y los sindicatos leales a Obrador ocuparán los lugares donde vaya a aparecer públicamente el nuevo mandatario. Es una repetición de lo que le pasó a Felipe Calderón, sólo que disimulado el lado violento que ya trabaja en las calles y en las redes sociales.
El problema es que el futuro ya está más o menos visible porque ahora, a diferencia del pasado, cuando los políticos no se movían en espera de la designación presidencial, todo mundo se agita para salir en la fotografía. Para empezar, Marcelo Ebrard anunció que en cuanto le entregue las riendas del Distrito Federaal a su sucesor, comenzará a trabajar para ser candidato presidencial y algo semejante pensarán otros perredistas, entre ellos, el propio Miguel Angel Mancera, quien llegó al cargo con un muy elevado número de votos.
Pero eso no es todo, el PRD no puede moverse ni crecer más bajo la sombra del caudillo. Si quiere evolucionar con libertad requiere sacarse de encima a Obrador, quien discretamente hace movimientos para convertir el PT y Morena en un partido poderoso y fiel a sus designios. En ese momento, es posible que cese la presión sobre Peña Nieto. Pero por lo pronto padecerá no pocas agresiones e insultos.
Pero ésa es la vida de los políticos, a los ciudadanos, en especial a los capitalinos, donde el obradorismo es poderoso, les preocupa la tranquilidad, no pasa un día sin que legiones de muchachos y falsos sindicalistas salgan a las calles a cometer actos de vandalismo. Andrés Manuel ha convertido el país en un campo de batalla todo por su desmesurada ambición de poder.
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