Tras el fallo del Tribunal Electoral

Carlos E. Urdiales Villaseñor

Cuando la última instancia legal dé su fallo sobre la elección federal para presidente de la república y Enrique Peña Nieto esté en situación de mandatario electo por mayoría, México enfrentará un episodio histórico.

Por segunda vez consecutiva, el candidato perdedor y su movimiento se declararán en rebeldía social, que no institucional, alegando que la elección no fue libre, que hubo compra de votos, coacción y demás argumentos que el Tribunal Electoral ha considerado insuficientes, no probatorios y por lo tanto desechables. Pero el árbitro constitucional también será descalificado y acusado sin pruebas de haber vendido su fallo.

¿La elección ha sido ejemplar? No. ¿Cuáles sí lo han sido? Acaso aquellas donde gana quien ahora vuelve a impugnar, y eso acaso. Al sistema electoral mexicano que, es el único que nos debe ocupar, le falta mucho pero… Desde 1997 ese andamiaje legal ha sido modificado para dar certeza.

México, como ningún otro país, cuenta con un padrón ciudadano inscrito en un listado electoral con fotografía, donde la credencial para votar se ha constituido en la identificación oficial por excelencia y de ahí su obligatoriedad al menos para tenerla. Los representantes de partidos políticos tienen copia del padrón de electores de cada sección y casilla. Tinta indeleble, urnas transparentes, programas de conteo rápido de votos, encuestas de salida redundantes encargadas por el órgano electoral. Y luego nos quejamos de lo “caro” que sale la democracia en el país.

De la certeza avanzamos a la búsqueda de la equidad. A diferencia de hace seis años, los partidos políticos ya no pueden comprar por su cuenta tiempos en radio y television, y para asegurar tal cosa el IFE paga un dineral —de nuevo la explicación de lo “caro”—, en monitoreo de millones de horas de transmisión para verificar la adecuada difusión de esos espacios. Revisan y califican los equilibrios en función de los tiempos asignados según la votación inmediata anterior. En la más reciente elección, el nivel de cumplimiento fue del 96%.

Desde 1991 se inició el proceso de ciudadanización del IFE. Se le quitó el papel de juez al principal jugador, el gobierno. Se establecieron candados y mecanismos de cuotas por lo propios partidos que luego han ido prostituyendo dicho diseño. Se hicieron obligatorios los debates. Se prohibieron hasta el grado de lo absurdo cierto tipo de comunicaciones durante la jornada electoral con sombras jurídicas para antes y después del Día D.

En casi tres décadas, México y sus habitantes todos, hemos construido un aparato con la cantidad de candados que hemos creído pertinentes y proporcionales a nuestras sabidas mañas y capacidades marrulleras. Pero nada alcanza y nada parece suficiente. Como dogmas de fe hay quienes simple y sencillamente dicen que todo lo anterior no sirve, no se cumple y deja abiertas ventanas para el fraude, la coacción y demás.

El fallo del Tribunal Electoral, que resulta la última instancia constitucional, es inatacable. Es producto de la deliberación de un órgano colegiado independiente del Poder Ejecutivo que ya no deja margen a la queja, protesta o desconocimiento, pero…

Pero queda el discurso, la retórica, la astucia e incluso el prestigio personal para embarcar el país en semanas, quizá meses de anormalidad política. Los hechos serán contundentes, reales, legales.

Lo que viene ya lo hemos vivido. Lo que falta por hacer, fomentar y construir será tarea de todos. En diciembre habrá cambio de poderes. El PAN dejará el poder tras dos sexenios de cuestionable gestión. Vuelve el PRI nuevo, viejo o revolcado. Pero los demás que somos más aquí seguiremos, viendo y construyendo lo que anhelamos. Lo que viene.

Pausa en radio. En las noches en Barra de Opinión de Azteca 13. Cada semana aquí y en Diario 24 horas. En twitter @CarlosUrdiales y también en www.diariociudadano.com.mx