Restos de 70 gomas de mascar en cada metro cuadrado
Humberto Musacchio
Parece intrascendente, pero no lo es: en un metro cuadrado de las calles del Centro Histórico “puede haber restos hasta de 70 chicles masticados”, de acuerdo con un estudio interdisciplinario dirigido por Ilana Boltvikik, Mariana Mañón y Rodrigo Viñas, integrantes del grupo Tres Art Collective (Excélsior, 15/VIII/2012).
Este resultado confirma una información ofrecida recientemente por las autoridades, según la cual los chicles masticados se han convertido en un problema de higiene, especialmente en la calle Madero, que desde su conversión en vía peatonal exhibe los feos manchones de la llamada goma de mascar sobre el suelo cubierto con losas de color claro.
El asunto tiene que ver con nuestros hábitos de higiene y costumbres tan poco edificantes como la que tienen los chinos de escupir en cualquier lado, lo que afortunadamente se ha ido convirtiendo en cosa del pasado, pues las autoridades de la nación asiática se han empeñado en modernizar a su país en todos los órdenes y han desplegado campañas intensivas para mejorar la convivencia en los más diversos aspectos.
El costo de levantar los chicles masticados no es poca cosa. Una legión de trabajadores se afanan en ese trabajo, pero la suya es y será labor de Sísifo mientras no se modifiquen los hábitos y los desperdicios se depositen en los lugares dispuestos para el caso. Lamentablemente en la ciudad de México no abundan los botes de basura y cuando existen suelen estar saturados, copeteados, rodeados incluso de toda la basura que no cupo en ellos.
Lamentablemente, cuando las autoridades quieren acabar con un problema social invariablemente recurren a las prohibiciones y las medidas de fuerza. Por eso no será extraño que cualquier día amanezcamos frente a un úcase que prohíba la producción, importación, comercio y consumo de chicles.
Pero los seres humanos somos animales de costumbres y difícilmente habría una renuncia generalizada a la masticación de la elástica sustancia. Y si hay demanda habrá necesariamente oferta y se creará un mercado negro y las autoridades, júrelo usted, procederán contra productores, comerciantes y consumidores de tan nefasto producto.
En cualquier momento, en una reunión de gabinete se declarará la guerra contra el crimen organizado para el tráfico de chicle y a la vuelta de unos años tendremos 50 o 60 mil muertos, pero seguirá masticándose la goma hasta que por fin impere la cordura y alguien declare su despenalización, como ya podría haberse hecho con la mariguana, la cocaína y otros drogas. Pero con estas autoridades, ¡ni chicles!
