Luege culpa a Miranda de Wallace

 

Humberto Musacchio

José Luis Luege, todavía director de la Comisión Nacional del Agua y exdirigente del PAN en la ciudad de México, es un hombre de pocas ideas, bravucón cuando se sabe a salvo, pero agachón si está en riesgo de perder el hueso.

Sorprende que alguien tan menor llegara a dirigir a los panistas de la capital, pero así andan las cosas en la política nacional, donde cualquier medianía puede llegar hasta la mismísima Presidencia de la República, lo que alienta a políticos de tercera y cuarta filas a buscar cargos que les suelen quedar muy grandes.

En Acción Nacional, para competir por la jefatura de gobierno del Distrito Federal había varios candidatos, pero el Gran Dedo se inclinó por la empresaria Isabel Miranda de Wallace, una señora que carga un muy respetable dolor por el hijo asesinado, pero que a fin de cuentas carece de atributos para aspirar a algo más que atender su negocio.

En la disputa por el gobierno capitalino, doña Isabel perdió por más de cuarenta puntos porcentuales. No era una buena candidata y así quedó evidenciado. Pero días después de los comicios, Luege le reclamó a la señora Wallace que se hubiera deslindado de las posiciones panistas en materia de aborto y matrimonio homosexual, lo que a juicio del funcionario los privó del voto duro del conservadurismo católico, como si eso fuera suficiente para ganar en la ciudad más politizada, laica e informada de la república.

Otros precandidatos del PAN se mostraron críticos ante la contundente derrota, pero Luege ha sido el más insistente. En un discurso que diría ante el Consejo Nacional de su partido y que no llegó a leer, pero que conoció la reportera Kenya Ramírez de Excélsior (15/VIII/2012), Luege afirma que la candidatura de la señora Wallace se fraguó en Gobernación (¿no fue en Los Pinos?), lo que implicó un atropello a los derechos de otros aspirantes azules, atropello por el que no protestó en su momento, pues el autor del dedazo podía dejar sin chamba al protestante.

Por supuesto, la señora Wallace negó que fuera ungida por el Gran Dedo o inventada por encuesta alguna. “Me llamaron porque no tenían a quién”, dijo en su peculiar lenguaje. Sí tenían a quién, como dice la ex candidata, pero el resultado hubiera sido el mismo, porque la derrota se fraguó no en una encuesta o en un dedazo, sino en seis años de ensangrentar el país, de promover el desempleo, de ahondar diferencias sociales y de incurrir en un desatino tras otro, y el responsable se llama Felipe Calderón Hinojosa. El es el gran derrotado. Pero ante esa realidad, Luege cierra prudentemente la boca.