Patricia Gutiérrez-Otero
En una sociedad como la nuestra, con un nivel académico tan bajo, resulta sorprendente la respuesta que obtienen diversos concursos literarios. En este caso me refiero en particular al Primer Concurso de Cuento al que convocó la Universidad Iberoamericana Puebla.
El concurso cerró el 23 de abril de 2012 y estuvo dirigido exclusivamente a jóvenes de preparatoria. Se dio a conocer por medio de Facebook (Coordinación de Literatura y Filosofía), carteles, anuncios radiofónicos, visitas a preparatorias por parte de la Coordinación de promoción… El tema era libre; la extensión: mínimo siete cuartillas y máximo quince.
La respuesta fue sorprendente para ser el Primer Concurso de Cuento de esta Institución: ochenta cuentos. Los jóvenes autores en su mayoría fueron del Estado de Puebla y de regiones aledañas, procedentes de preparatorias privadas y del gobierno, desde primero hasta tercero de preparatoria; tanto mujeres como varones; los estilos, algunos incipientes, también variaban. Los puntos que más unían a los cuentistas fueron el gusto por la lectura y la escritura así como la elección de temáticas ligadas con lo que actualmente vivimos en México: violencia de género, delincuencia, abusos sexuales, migraciones, prostitución, entre otros.
El jurado concedió tres premios y tres menciones honoríficas. El primer lugar lo ganó Irma Salas; el segundo, Brandon Estrada; el tercero, Jorge Lombardero. Las menciones honoríficas fueron para: Jorge Luis Cortés, Uriel Pérez y Marco Salas. Los cuentos premiados fueron publicados en la revista literaria en línea La Hormega, en donde pueden leerlos; actualmente, la Coordinación de Literatura y Filosofía de Ibero Puebla trabaja en su publicación impresa.
A pesar de que muchos de estos jóvenes no piensan estudiar literatura por las razones pragmáticas que todos conocemos —y que son parte más de un mito que de una realidad: “no se puede vivir de la literatura, hay que estudiar algo que te permita ganar dinero”, pues en este sistema neoliberal se valora más tener que ser—, sí da esperanzas su entusiasmo por las letras como lugar donde encuentran lo que otros dicen de sí mismos y donde ellos pueden decir lo que tienen más hondamente guardado. Son nuevas generaciones con inquietudes sociales que sigue a la que ahora inició como “yo soy 132”.
En este sentido, cierro diciendo que precisamente un hombre que optó por la literatura como pasión, que se volvió activista social por convicción y porque así se lo dictó la muerte de su hijo y su conciencia, el 13 de agosto inició una Caravana en Estados Unidos para pedir que México y sus ciudadanos no sean cómplices de la masacre que se está cometiendo en nuestro país. Aquí, la acción de Javier Sicilia y del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad ha dado frutos, esperemos que también los dé en el gigante país del Norte.
Además, opinamos que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, a los pueblos indígenas, la libertad de expresión; impedir los monopolios, esclarecer los feminicidios en Juárez, no olvidar el ABC, no permitir la explotación minera a cielo abierto, respetar Wiricuta…
