López Obrador
Félix Fuentes
En sus delirios por el poder, Andrés Manuel López Obrador sabe que no podrá demostrar en el Tribunal Electoral que el PRI compró cinco millones de votos e insiste en la “imposición”, igualándose con los próceres Miguel Hidalgo y José María Morelos o con el presidente Lázaro Cárdenas y el apóstol Francisco I. Madero.
En un acto de cerca de 700 personas, en Nezahualcóyotl, Estado de México, el candidato perdedor del Movimiento Progresista manifestó a sus seguidores que no se preocupen por los ataques porque enfrentaron situaciones similares los héroes de la patria. Se les excomulgó y fueron asesinados por resistirse a aceptar las injusticias, dijo.
El dicho de López Obrador de no temer a los ataques implica su deseo de ser mártir y pasar a la historia como Lázaro Cárdenas, cuya imagen colocó tras su espalda en casi todos sus discursos de campaña. Los “halcones de Atlacomulco”, como él los llama, no le van a dar ese gusto.
Los priistas no cometerían el error de involucrarse en un atentado que les tergiverse el rumbo de lo ganado. Pero están en ese peligro, porque si algo sucediera al tabasqueño, las miradas se volverían hacia ellos.
Lo sabe López Obrador y por ello está dispuesto, en cuanto sea conocido el fallo del Tribunal Electoral, a continuar su “lucha por la democracia”, en vez de irse a su rancho, como había prometido.
Al presunto líder de las izquierdas le importa un comino la democracia, si cuando fue reconocido el triunfo a Felipe Calderón mandó al diablo las instituciones y se dedicó a recorrer la república durante seis años, creyendo que por ese camino asumiría la Presidencia de la República.
Andrés Manuel ya había armado su gabinete presidencial, estaba listo para tener un acuerdo diario con su equipo de seguridad y convertirse en estricto vigilante de los tres billones de pesos del presupuesto federal, “porque el dinero del presupuesto alcanza para todos”. Hasta propuso disponer sumas del erario para el Yo Soy 132.
Esa es la democracia del perdedor, la personal, y tras él atizan el fuego los Camacho Solís y los Marcelo Ebrard, entre otros. Sigue pegado a él el “señor de las ligas”, René Bejarano, y la esposa de éste —Dolores Padierna— se las da de revolucionaria. En el acto de Nezahualcóyotl, ella se destapó a favor del presidente venezolano Hugo Chávez, a quien “apoyamos amplia y abiertamente”, afirmó. ¿No que muy distantes del enfermo de cáncer?
Transcurrido el tiempo de las campañas, los obradoristas se declaran hoy enemigos del imperialismo estadounidense y se declaran defensores de Hugo Chávez. A estas alturas sueñan con regímenes como el de los hermanos Castro Ruz.
Para ser de izquierda no se requiere crear o pertenecer a un régimen totalitario. España fue gobernada por el izquierdista José Luis Rodríguez Zapatero, quien para su desgracia dejó en bancarrota la economía del país ibero y en Francia acaba de asumir el poder el socialista Françoise Hollande, quien no ha hecho alharaca de su credo. China practica el capitalismo, alejándose del comunismo.
Ahora resulta que expriistas como López Obrador Camacho Solís son socialistas, y la señora Padierna, que a su paso por la Delegación Cuauhtémoc dejó una estela de corrupción, son liberales de avanzada.
Y como Andrés Manuel ya nada tiene que hacer, pues sigue adherido a los micrófonos y todos tenemos que soportar sus arrogancias y falsos reclamos, porque ya es héroe de la patria.
