Para relevar a quien todavía no gobierna

Carlos E. Urdiales Villaseñor

 

Después de sus fiestas e informes, Marcelo Ebrard inicia lo que él mismo llamó arduo camino hacia 2018 en busca de la Presidencia. Comienza lo bueno, lo grillo e interesante, su aspiración por demás legítima de ser candidato, ahora sí, en 2018 a Los Pinos.

 El gobierno de Ebrard será el primero surgido desde la izquierda en concluir los seis años para los que piden el voto. Miguel Angel Mancera no es perredista, se dice progresista, eso sí, y afirma que no será competencia dentro de seis años para su antecesor en el cargo. Eso dice hoy.

Ebrard pasó frente a la Asamblea Legislativa donde tampoco hay preguntas directas, diálogo, republicano o no, ni sano debate ni nada de lo que luego les da por reclamar a los legisladores de izquierda a nivel federal. Después tuvo su informe ciudadano en el Auditorio Nacional, donde a decir de los presentes Marcelo lució mucho más relajado, menos institucional e hizo gala de sus dotes de orador político. Una chulada.

Resulta ocioso hablar de lo evidente. El de Marcelo Ebrard resultó un buen gobierno, con sus luces y sombras como todo, pero tan eficiente en lo general que la elección pasada refrenda un voto abrumador para seguir y repetir la propuesta progresista de tolerancia, inclusión e innovación para gobernar.

Suficiente crónica y comunicación gubernamental hay sobre lo sobresaliente. Metro, infraestructura, leyes, subsidios y apoyos sociales, educación media y superior, rescate de espacios populares y más. También existe la crítica sobre los puntos incómodos. Pero lo trascendente en términos políticos para Marcelo Ebrard está por venir una vez más. La definición y operación de un proyecto amplio que lo lleve a competir frente a Andrés Manuel López Obrador dentro de seis años.

¿Desde qué plataforma política piensa Ebrard labrar camino a una candidatura que apenas hace unos meses dejó pasar? ¿Desde el PRD ya sin la presencia de Andrés Manuel? Pero igual Morena tampoco nace mañana, en la órbita perredista todavía gravitarán los lopezobradoristas un buen rato.

Cuando al jefe de Gobierno le plantearon la posibilidad de ir al Senado dijo no. Y aquello le acota la vitrina pública, el acceso a recursos, a medios y a ser personaje en negociaciones y cabildeos. ¿Desde la ONU con el reciente encargo sobre vivienda y desarrollo? No suena. ¿Desde la academia? ¿Desde alguna plataforma ciudadana impulsada por la iniciativa privada? Pues en eso de innovar y ser de avanzada podría ser, recursos intelectuales y argumentativos tiene de sobra para explicar, para estar y mantener una independencia de visión y misión. Pero lo que se ve inevitable es el choque, ahora sí, con el político tabasqueño que lo promovió. ¿Andrés Manuel López Obrador apoyaría desde Morena a Ebrard, llegado el caso, como candidato de unidad? Pregunta sin respuesta.

Ebrard tiene cualidades políticas, incluso la edad, para dar batalla en esto que ya comienza de manera ridícula pero cierta: la carrera para relevar al que todavía ni siquiera se sienta a gobernar. Pero así funciona, se adelantan posiciones, se cantan las cartas y se espera que, en largo sexenio, la caprichosa e impredecible coyuntura no descarrile una intención y una opción por demás interesantes.

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