Aspirantes cautelosos

René Avilés Fabila

Quedó claro para la inmensa mayoría del país que Enrique Peña Nieto resultó electo presidente de México, ya le entregaron su constancia de mayoría sin ningún voto del Tribunal Electroal en contra.

La reacción del PRD y de los demás partidos que forman un frente común alrededor de Andrés Manuel López Obrador ha sido de rechazo y de protestas, de acusaciones de fraude y de llamados a la “revuelta”, algo irresponsable e ingenuo.

Pero poco a poco la postura hostil hacia el nuevo presidente ha venido a menos. Muchos recuerdan el fracaso que resultó la toma de posesión de la “presidencia legítima”, el ridículo que representaron en el Zócalo y la toma del Paseo de la Reforma, para terminar seis años después llamando presidente de la república a Felipe Calderón, al que durante esos mismos años denostaron y calumniaron. Es por eso que ahora, con un enorme capital político en el bolsillo y con muchos “izquierdistas” que desde ahora aspiran a ser presidentes de México, se manejan con mayor cautela.

Sin embargo, queda el núcleo, el grupo de los duros, de los cerrados, de aquéllos que sienten que se les movió el piso y que se les escapó la oportunidad de llegar al Poder Ejecutivo y conducir el país. De allí saldrán de manera permanente las acusaciones para Peña Nieto y la “mafia del poder” que de nuevo le arrebata la presidencia a López Obrador.

A Peña Nieto le será incómodo gobernar con un montón de muchachos dogmáticos que no tienen ninguna ideología y que siguen a un hipotético caudillo que ya tuvo dos oportunidades y que en ambas fracasó, primero por pocos votos, la segunda por una cantidad razonable que no deja margen para argumentar que fue robado.

Pero si López Obrador hubiera sido sensato hace seis años, y hubiera reorganizado a sus huestes y a los partidos que lo siguen, hoy sería presidente. Prefirió el choque brutal, el enfrentamiento. El rencor lo dominó y allí perdió la elección que acaba de transcurrir. Los mexicanos, entre quienes votaron por el PAN o los que lo hicieron por el PRI, suman muchos millones que lo rechazan.

Ahora está ante la misma disyuntiva: si acepta la derrota, podría transitar, como Cárdenas, hacia una nueva posibilidad en 2018; de rechazarla, lo que ya hizo al convocar a la “resistencia pasiva” en contra de la “mafia del poder”, cerró las puertas de una tercera posibilidad presidencial.

Sin duda, puede intentarlo de nuevo, pero ya tiene desde hoy asegurada una estrepitosa derrota, mientras que el nuevo candidato presidencial de “las izquierdas” tendrá mejor posibilidad que él

Gradualmente irá perdiendo adeptos, el PRD ya busca la manera de dar una lucha de otra índole. Más racional. Menos delirante. Sabe que gracias a López Obrador obtuvo millones de votos, pero que él ya no es la persona adecuada para ir por tercera vez tras Los Pinos. Otros deberán buscar esa posibilidad.

Sin embargo, López Obrador prefiere hundirse con el barco, mientras que sus tripulantes ya nadan hacia aguas menos turbulentas. Es una pena que Andrés Manuel prefiera suicidarse en lugar de aguardar construyendo una fuerza política seria, con una ideología realmente de izquierda, ya distante de los expriistas y con un programa responsable y sin ocurrencias.

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