Inesperadas y mutuas felicitaciones

Félix Fuentes

Al menos dijo que, como ciudadano, “va a seguir sirviendo a la patria”. Por unos instantes estremeció Felipe Calderón con su amenaza servicial, pues todos estamos cansados de tantos sacrificados por México. El michoacano tuvo la oportunidad de engrandecer la nación y no lo hizo porque en su sexenio se ha dedicado a hablar y hablar y mentir y mentir.

Ni pensar qué el panista tenga la más ínfima cabida en el gobierno de Enrique Peña Nieto, así hayan cruzado felicitaciones, o porque el candidato tricolor recibió la constancia de presidente electo o porque Calderón rindió su sexto informe.

El sexenato que llega a su fin fue francamente mediático, de multimillonarios costos en pagos de publicidad, la cual hartó y todavía enferma, nada más de escuchar la voz presidencial. Fue un exceso, superior al del populista Luis Echeverría.

El propio Calderón, encerrado en sus aposentos palaciegos, no ha de estar enterado de los horrores que la mayoría de los mexicanos escuchamos sobre ejecuciones dantescas, de decapitados, colgados de puentes y árboles, o genitales destrozados.

Se ha pretendido echar al olvido el fusilamiento de 72 inmigrantes en San Fernando, Tamaulipas, o los 45 torsos humanos sin cabezas y cercenados de brazos y piernas en Cadereyta, Nuevo León, o los más de 300 cadáveres inhumados en fosas clandestinas de Durango.

Son ejemplos de las miles y miles de matanzas colectivas en Chihuahua, Nuevo León, Durango, Coahuila, Tamaulipas, San Luis Potosí, Guerrero, Zacatecas, Jalisco, Michoacán y Veracruz, entre otras entidades. Sobre esto pretende aconsejar Calderón a Peña Nieto que continúe la lucha contra la delincuencia. Debe hacerlo, pero con estrategia inteligente.

El gobierno panista dejó de contar los cadáveres u oculta las cifras horrendas. De ello ha dicho, incontables veces, que los caídos se deben a las guerras entre mafias y no reconoce los miles y miles de inocentes abatidos bajo la constante lluvia de balas.

Eso por cuanto a inseguridad. En otro rubro, Calderón presume que su gobierno fue el de la infraestructura. Se olvidó del “sexenio del empleo”, otro fracaso mayúsculo. ¿Y cuáles son las obras monumentales, o dónde están los “más de 19 mil kilómetros de carreteras, “el doble de las realizadas en dos sexenios”? No las mencionó por ser inexistentes.

Suena a burla la alusión sobre avances educativos y afirmar que hoy las “plazas docentes no se venden ni se regalan”. La república entera e instituciones internacionales lo dicen: la educación básica está en los más bajos índices de su historia y la imparten “profesores” holgazanes y reprobados en exámenes de admisión.

Es realmente cínica la versión de las plazas educativas, cuando se repite constantemente que la lideresa Elba Esther Gordillo dispone de 23 mil aviadores, unos son escoltas y los más dedicados al espionaje y al trabajo sucio de la política. Es la gigantesca lacra de la nación. Son los maestros de estos días.

Ha sorprendido el extraordinario afecto surgido entre el presidente saliente y el sucesor. No eran esperadas las mutuas felicitaciones, lo cual advierte que Calderón se queda en México y no buscará chamba en Texas, a donde viajó con ese propósito.

No tardará Andrés Manuel López Obrador en criticar esa camaradería. Volverá a decir que el PRI y el PAN son lo mismo, el prian.

También Vicente Fox levantó el dedo y recomendó a López Obrador no perturbar la marcha del país con sus movilizaciones, a fin de que el nuevo gobierno plantee sus ideas. Recordó el decálogo de Peña Nieto y espera que las cosas se cumplan.

En esto ni en cuentan toman a la reaparecida Josefina Vázquez Mota y resulta que Fox y Calderón están de pleito, pero se esmeran por quedar bien con Peña Nieto, cada uno por su lado.