Andrés Manuel y Marcelo

Félix Fuentes

Sin quedar conformes de cuanto se dijeron e hicieron, antes y después de las pasadas elecciones, los partidos de “izquierda” convierten la política en basurero plagado de alimañas. ¿Cómo calificar a quienes se pretenden postular como candidatos presidenciales, a casi seis años de distancia?

Sin aceptar su segunda derrota ni cumplir su palabra de retirarse a su rancho de Tabasco, llamado por él La Chingada, Andrés Manuel López Obrador afirmó que continuará en la política. Esa es su política, andar de partido en partido, recibiendo recursos económicos entregados por el Instituto Federal Electoral y declararse redentor de pobres. Negocio redondo.

López Obrador convino con Marcelo Ebrard su segunda postulación y  prometió apoyarlo para  candidato en la elección presidencial del 2018. Por ello el tabasqueño puso por los cielos al jefe de Gobierno del Distrito Federal,  proclamándolo como el mejor político de México y lo enlistó en calidad de  secretario de Gobernación.

Ese proyecto se derrumbó al perder Andrés Manuel por más de 3 millones 300 mil votos, y sin posibilidades de alegar relleno de ánforas y acarreos de votantes. Pero arguyó la “compra” de cinco millones de sufragios, lo cual no pudo demostrar en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, pese a sus constantes afirmaciones de tener pruebas de sus dichos.

Terminada la etapa del pataleo, López Obrador se alejó por segunda vez del PRD, de los Chuchos y del propio Ebrard para anunciar el nuevo proyecto de convertir su Morena (Movimiento de Regeneración Nacional) en partido político.

Volaron pedazos de partidos de “izquierda” por todas partes. De nuevo quedaron a la vista los manejos de actuar cada quien por su lado en busca de poder, dinero de los fondos públicos y satisfacciones personales. Al diablo con la democracia, la defensa de  pobres y toda esa serie de postulados, desgastados y mentirosos.

El expriista Marcelo Ebrard no se iba a cruzar de brazos. Supo, con la derrota de los partidos de “izquierda” que Andrés Manuel no le iba a cumplir nada de lo prometido, absolutamente nada y ya se lanzó por su lado, “solo y sin partido político”.

Primero declaró Ebrard su honestidad y, a su juicio, la política ha cambiado mucho y “pues mejor hacerlo de esa manera, abierto y de frente a la sociedad”. ¿Creerá que a la sociedad le importan las ambiciones personales de presuntos políticos?

Porque un político verdadero no incurre en esas locuras, de hacer campaña con tantos años de anticipación y sin el respaldo de un partido. Se advierte la inseguridad de Ebrard, de ser apoyado por el PRD, partido convenenciero que primero estuvo de su lado y después se pronunció por López Obrador, antes del pasado proceso electoral.

En esos reacomodos causantes de nausea, el Peje ya pagaba las primeras consecuencias. Sus amigos, en primer término el matrimonio de René Bejarano y Dolores Padierna, se quedan en el PRD y les importa un cacahuate Morena y el propio López Obrador. Bejarano, mejor conocido como el Señor de las Ligas, fue secretario particular de López Obrador y recibió los fajos de dólares del argentino Carlos Ahumada.

Bejarano ha tenido bajo su control a por lo menos seis delegaciones del Distrito Federal y todo le ha permitido el jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, quien ya anunció el arranque de su campaña, a partir del 5 de diciembre, y seguramente contará con el apoyo de los Chuchos y de la tribu Izquierda Democrática de la pareja Bejarano-Padierna. ¿O no?