La corrupción ofende a la sociedad y la hiere
Carlos Jiménez Macías
¿Cuántas veces nos hemos preguntado qué sería de nuestro magnífico país si no hubiera corrupción? Corrupción en todos los niveles y en todos los sectores. Corrupción como forma de vida y como innecesario e imprescindible mal que aqueja a todos los mexicanos. Corrupción que es objeto de chascarrillos y refranes, de la que nos reímos con sonrisa amarga. Frases comunes como: el que no tranza no avanza; vivir fuera del presupuesto es vivir en el error y tantas más son tan lamentables como anacrónicas…
Acabar con la corrupción fue el reclamo unánime que oyeron todos los candidatos, porque es el delito que más ofende a la sociedad; y la impunidad el que más la hiere. Con frecuencia se acusa a los políticos, a los funcionarios públicos, de ser causa única y beneficiarios de la corrupción. Pero por unos cuantos que se enriquecen brutalmente (nombres, nombres gritarán en las galerías: no es necesario, todo el mundo los conoce), muchos, la gran mayoría han servido honradamente a su país.
Hay que decirlo…
Ante el clamor popular, la lucha contra la corrupción fue la promesa de campaña más escuchada y de las que más caló por el candidato priista. Ya como presidente electo, tal ha sido su primer acto oficial. A pocos días de haber obtenido la constancia que lo acredita como tal, Enrique Peña Nieto entregó a los senadores del PRI y a los del Partido Verde la primera iniciativa que presentará al Congreso de la Unión que consiste básicamente en dotar de autonomía al Instituto Federal de Acceso a la Información, a fin de romper cualquier lazo de sujeción con el Poder Ejecutivo. La ley además le otorga facultades para transparentar el uso de los recursos que manejan los gobiernos locales, municipales, el Poder Legislativo y otras instituciones de gobierno, entre las que destacaría, dada la importancia de sus ingresos y la trascendencia de sus decisiones, el Instituto Federal Electoral.
Sin duda, el tono ha cambiado. Ya se acabó el largo peregrinaje electoral y llegó la hora de enfrentar la realidad. De reconsiderar las promesas nacidas en el fervor popular para adecuarlas a la cruda y áspera realidad. De conciliar las buenas intenciones con la terca permanencia de los intereses creados, de la corrupción aceptada como rémora natural de un régimen, sin que ningún partido, poseedor del poder o cerca de él, haya podido erradicarla.
Y muy cercana a la corrupción está la ineficiencia: el desorden y la incapacidad en la función pública puede costar tan caro como el robo descarado de los recursos del Estado. Pienso en la Estela de luz, por poner un ejemplo…
De ahí la importancia de una frase de Peña Nieto que será el signo vital de su régimen: “Tengo claro que un presidente de México está comprometido con un solo interés, el avance de la república. Ese es el criterio que habrá de normar mi actuación”.
Más claro no podría estar…
